18 de febrero de 2016

Cómo prevenir el estrés de los chicos al empezar la escuela

La sociedad competitiva, la escasez de tiempo y el creciente número de responsabilidades del mundo actual, no sólo afecta a las personas adultas. De manera creciente en la actualidad se ha incrementado el fenómeno del estrés escolar, como una enfermedad a la que debemos estar atentos...

Pasa todos los años: algún día de marzo se convierte en el primero de clase, ese en el que las vacaciones de los chicos y grandes quedan necesariamente atrás. 
Ante esa obligación de volver a la escuela o el jardín de infantes, que implica alguna forma de tensión para los chicos, los padres pueden hacer mucho para ayudarlos a cumplirla de una manera positiva. 
“Los padres tienen que saber que hay un período normal y variable de adaptación de sus hijos a las clases -destaca la doctora Mónica Oliver, responsable del área de Psicopatología Infantil del Hospital Alemán-, para no agregarle reprimendas al estrés que sufren por el cambio de actividades, porque no lo hacen a propósito”. 
Y agrega que los niños necesitan “acomodar la cabeza entre estar todo el día jugando y tener que comenzar a hacer los deberes escolares”.
 La doctora Oliver subraya que lo central en esta época es que los padres ofrezcan “más sostén, que estén presentes y acompañen hasta que los chicos se encarrilen”.
Y lo sintetiza en dos actitudes concretas: “Tiene mucho valor, por ejemplo, ir a comprar los útiles juntos, hacer las carátulas… porque así los padres les están dando el mensaje de que eso es algo valioso y que hay que hacerlo bien“.
Claro que más allá del tiempo de adaptación a la escuela o el jardín considerado como normal, a veces los chicos empiezan a experimentar dificultades más persistentes, que maestros y padres deben estar atentos para detectar. 
“Puede pasar -destaca la doctora Oliver- que en el primer mes de ir al colegio el chico manifieste que no quiere ir, lo que en casos extremos puede volverse una patología, la fobia escolar. 
Ahí hay que consultar una vez que el maestro avisa sobre conductas que salen de lo esperable para la edad”. Se impone comenzar por consultar al pediatra, que podrá indicar hacer “un psicodiagnóstico para ver cuál es la causa del trastorno”.

Adaptaciones

Según su experiencia clínica, la doctora Oliver destaca que para los chicos hay situaciones más difíciles “en primer grado, cuarto y la terminación de la primaria“.
“Por eso, los padres deberían escuchar a los maestros y tenerles confianza, porque son sus socios en el desarrollo de los chicos”. 
Como toda etapa de la infancia tiene sus propios desafíos, se diferencian las sensaciones en la primaria de las de los más chiquitos al comenzar el preescolar. En el jardín, dice la doctora Oliver, el objetivo es la “socialización, que los chicos puedan estar un número de horas en confianza con personas que no son los padres”. 
Por eso – agrega- los padres tienen que estar “el tiempo necesario acompañando a sus nenes en jardín hasta que entren en confianza. “En general, hasta un mes con los padres cerca es adecuado para los que inician sala de dos o de tres años”, explica la especialista.
Similar periodo también se considera normal para quienes empiezan primer grado, aunque la primaria, destaca la doctora Oliver “requiere una adaptación que es más mental, porque el chico ya sabe de antes que se separa de los padres para el trabajo escolar”. 
“Algo parecido pasa de tercero a cuarto grado: en cuarto grado los alumnos ya tienen que leer y escribir, y sube la exigencia significativamente”.
La situación se repite otra vez, puntualiza la médica: “Hay otro salto grande que es de séptimo grado a la secundaria; en cada una de las etapas los chicos tienen que hacer un esfuerzo mayor para adaptarse a un sistema nuevo”. En líneas generales -detalla la doctora Oliver- cuanto más grande es el niño, más rápido pasa del ocio y el juego al trabajo escolar. “Como en la vida adulta, donde uno ya está trabajando el primer día después de las vacaciones” cierra.

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