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4 de febrero de 2016

Ahora aseguran que hace bien a la salud: si querés llorar, llorá

Siempre se dijo que llorar un poco alivia. Pero ahora esa máxima repetida de generación en generación tiene un sustento científico: según un informe elaborado por neurólogos y psiquiatras, el llanto tiene propiedades terapéuticas que nadie debería pasar por alto.

El informe, presentado por la Universidad Complutense de España, sostiene que llorar es una expresión emocional y, de esta manera, “tiene un valor importante tanto para la comunicación, porque decimos al mundo cómo nos sentimos, como para la salud, pues con el llanto expresamos una emoción cuando la opción de no hacerlo no sería saludable”.
Según el psicólogo Antonio Cano, uno de los hacedores del trabajo, “el llanto puede ser terapéutico porque alivia tensiones y también porque puede aumentar el apoyo social al despertar empatía. Llorar tiene beneficios como el desahogo, la expresión de una activación fisiológica emocional que necesita expresarse, alivio, y empatía”.
De cualquier manera, el especialista sostiene que “se debe recordar que si se llorara para conseguir objetivos ya no es algo tan sano, lo mismo que si se llora por depresión.
Llorar puede ayudar a gestionar emociones, a veces de modo involuntario, y cuando no es así no debe ser reprimido sino estimulado”.
Para Cano, “tenemos dos partes diferenciadas en nuestro cerebro, una parte prefrontal, donde tenemos las funciones ejecutivas y donde reside la voluntad, en la que valoramos la realidad y tomamos decisiones, y una parte muy automática e involuntaria, muy poco consciente, que regula una parte de las emociones, la amígdala”.
Así, cuando surge un peligro, “lo primero que se activa es la amígdala, no la corteza prefrontal, y antes de que decidamos si estamos o no en riesgo ya estamos reaccionando emocionalmente, porque es una vía más rápida para salvarnos, incluso cuando hay contradicciones entre lo que se piensa y lo que la amígdala decida realizar, pues hay una parte de la emoción que se expresa en contra de nuestra voluntad”.

Ellas y ellos
Claro que a la hora de hablar de llanto se debe diferenciar entre hombres y mujeres. Es bien sabido que los varones lloran menos que las mujeres porque, además de la función que cumplen la herencia patriarcal y cultural, posicionando al hombre como un ser que no debe llorar y relacionándolo con un signo de debilidad, existe también una explicación biológica.
Según Cano, “hombres y mujeres tienen distinta necesidad de llorar, pues las mujeres tienen un sistema hormonal diferente, unas diferencias biológicas que facilitan su expresión emocional”.
El neurólogo Manuel Arias, por su parte, resalta que el llanto es “una función cerebral bastante compleja y diferente entre sexos. Las mujeres lloran más que los hombres como una autoterapia que les permite calmarse, porque la estructura cerebral no es igual en la mujer que en el hombre. De hecho, la alexitimia, o incapacidad para expresar los sentimientos, se da más frecuentemente en los hombres”.
Según el neurólogo, la acción de llorar “es una función cerebral más, aunque es una función compleja que no tiene un lugar del cerebro nítido que la gobierne. Generalmente lloramos ante una emoción de valor negativo. Al sufrir esa especie de disgusto se pone en marcha un proceso en el que, por la acción de llorar, se tienen que contraer los músculos de la cara (situación que depende de la activación a través del nervio facial), también se tienen que contraer las glándulas lagrimales, incluso el sollozo y las vocalizaciones del lenguaje, por lo que intervienen muchas áreas”.

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