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20 de enero de 2016

Cómo mantener la piel hidratada

La mayor exposición a los rayos del sol hace que se vuelva más vulnerable a la deshidratación, pudiendo provocar alteraciones cutáneas que afectan la función de barrera protectora del organismo.

La piel constituye una barrera de protección para el organismo. Pero debido a distintos factores, diariamente la piel pierde su humedad natural y fundamentalmente durante el verano puede presentar una mayor deshidratación que altera su función.
“Una piel bien hidratada es una barrera más eficiente; pero la exposición solar, junto con otros factores asociados al verano como el contacto con el agua del mar o el cloro de las piletas, hace que la piel se deshidrate con mayor facilidad. Esta situación afecta a la barrera hidrolipídica de la piel y la deja más vulnerable” afirma María Franco, directora técnica de una de las empresas líderes del mercado dermatológico mundial.
La deshidratación de la piel se traduce en su aspecto: se presenta como una piel reseca, opaca y en muchos casos, dependiendo de la edad, en la aparición de un mayor número de arrugas. Esto se observa fundamentalmente en el rostro, una de las zonas más expuestas a los rayos solares en esta época del año. “El sol es el mayor responsable del envejecimiento de la piel y la exposición a sus rayos, en esta época del año es mucho mayor, ya que las actividades que se realizan al aire libre suelen aumentar”, comenta la experta.
Para conservar la integridad de la piel y preservar su función de barrera, es fundamental adoptar una rutina diaria de limpieza, hidratación y fotoprotección. El esquema debe contemplar la utilización de un limpiador, una crema o emulsión hidratante y un protector solar apropiados para cada tipo de piel. La fotoprotección de la piel, fundamentalmente del rostro, debe realizarse diariamente: la utilización del protector solar dejó de ser de uso exclusivo para el momento en el que estamos en la playa o en una pileta o simplemente nos disponemos a ‘tomar sol’. Diariamente se recomienda la utilización de un hidratante para el rostro que contenga además en sus componentes un factor de protección no menor que 15.
La elección de los productos debe estar basada en el tipo de piel. “Los productos desarrollados para los diferentes tipos de pieles ayudan a mejorar los resultados. Un limpiador destinado a una piel grasa, puede provocar mayor sequedad en una piel normal, así como un limpiador para piel normal puede no ser suficiente para una piel grasa. Sucede lo mismo con los hidratantes”, sostiene la especialista.

Pieles grasas
En el caso de las pieles oleosas, el verano puede generar la sensación de mayor grasitud. “Para quienes tienen este tipo de piel los especialistas recomiendan como en todos los casos la limpieza del rostro dos veces por día pero con productos especialmente desarrollados para piel grasa que remuevan la suciedad pero que no alteren sus componentes naturales”, dice Franco, y agrega: “cuando una persona tiene piel grasa suele utilizar equivocadamente productos abrasivos que le dejan la sensación de sequedad y esto puede producir un efecto contrario, esto es, que las glándulas sebáceas reciban el mensaje equivocado de falta de sebo y produzcan más grasitud. Lo mismo sucede con la hidratación: “es un error pensar que las pieles grasas necesitan menos hidratación o no la necesitan; existe la sensación equivocada que si se usan cremas se ‘engrasa’ más la piel. Hay que derribar este mito y al igual que con los limpiadores, acostumbrar a estas personas a utilizar productos suaves y específicos adecuados para su tipo de piel”.

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