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24 de mayo de 2022

La guerra perdida contra la inflación / Hernán Andrés Kruse

El martes 15 de marzo el presidente de la nación manifestó en un acto partidario celebrado en Tortuguitas que el viernes 18 comenzaba la guerra contra la inflación...

La cruda realidad ha puesto dramáticamente en evidencia la incapacidad del gobierno de haber frente a semejante flagelo. En efecto, la inflación de marzo fue la más alta de las últimas tres décadas (6,7%) mientras que la inflación de abril fue un poquito más leve, 6%. Todo parece indicar que la inflación de abril tendrá un piso del 5%. La mayoría de los analistas económicos vaticinan una inflación anual del 70%, lo que constituye una tragedia para el bolsillo de la inmensa mayoría de los argentinos.

Las clásicas recetas intervencionistas han demostrado, una vez más, su completa y absoluta inutilidad. Pero el equipo económico del gobierno insiste con el control de precios y demás yerbas. Para colmo, el acuerdo celebrado recientemente con el FMI no hará más que alimentar la inflación, tal como lo señaló recientemente en Página/12 un periodista económico que está en las antípodas de la ortodoxia económica: Alfredo Zaiat. En su edición del 2 de mayo el matutino mencionado publicó el siguiente artículo de Zaiat, quien algunas veces ha sido públicamente destacado por la vicepresidenta de la nación.

EL ACUERDO CON EL FMI ES INFLACIONARIO

“El Indec difundirá el índice de precios al consumidor de abril el próximo jueves 12 de mayo. Será un dato pésimo, en el mismo sentido que el registrado en el mes anterior, más allá de la diferencia de décimas entre uno y otro. La economía está navegando de este modo en un piso de tasa de inflación anualizada del 60 por ciento con elevadas probabilidades de subir varios escalones. Este peligro irrumpe porque no se están utilizando tradicionales anclas para evitar un mayor descontrol de precios. En este inquietante escenario, el equipo económico liderado por Martín Guzmán tiene como principal apuesta para contener los precios la generación de expectativas positivas en la sociedad a partir de un programa económico acordado con el Fondo Monetario. En la salida de la crisis de la pandemia esta estrategia podía tener cierta lógica, aunque sabiendo que ese voluntarismo tenía escasa posibilidad de alcanzar el objetivo teniendo en cuenta el desalentador resultado en los últimos dos años. Con el estallido de una nueva crisis global, provocada por la guerra en Ucrania, se ha instalado otro panorama, que es preocupante debido al riesgo de espiralización de los aumentos de precios.

¿Cuál es la estrategia antiinflacionaria de Guzmán?

La secuencia que propone Guzmán como política antiinflacionaria es la siguiente: definir un horizonte previsible de las principales variables macroeconómicas, avalado por el FMI haciendo desembolsos de dólares como parte de la refinanciación del crédito otorgado a Macri, y, al mismo tiempo, conseguir estabilidad en el mercado cambiario a partir del incremento de reservas en el Banco Central. El equipo económico evalúa que la especulación con las cotizaciones de los dólares (blue, contado con liquidación y MEP) es uno de los principales canales de trasmisión de las presiones inflacionarias. La apuesta es frenar esos movimientos desestabilizadores del mercado con más reservas, una parte de las cuales son aportadas por el FMI para pagar cuotas del vencimiento del préstamo que entregó. A ese marco general, Guzmán le agrega la negociación entre cámaras empresarias y sindicatos con la aspiración de recuperar el salario en términos reales. Por ahora, sin embargo, las paritarias siguen corriendo detrás de los aumentos de precios. El ministro suma también la administración de la política de ingresos vía aportes adicionales con bonos para jubilaciones y trabajadores informales junto a la determinación de canastas de precios controlados para que actúen de referencia para el resto. En los hechos, se trata de una estrategia para economías en crecimiento, con puja distributiva, sin shock externos negativos (pandemia y guerra en Europa) y con tasas de inflación elevadas pero no tanto. Esta no es la actual situación. En consecuencia, para la economía argentina, esta forma de encarar el problema de los precios encierra su propia trampa porque, en sus postulados, el acuerdo con el FMI es inflacionario.

Un antes y un después de la guerra en Ucrania

En un contexto de crecimiento de la economía local, mejora de ingresos de los sectores populares y una economía internacional en firme recuperación pospandemia, los factores de impulso de precios que se encuentran explícitos en el acuerdo con el FMI podrían ser relativamente compensados. Sin embargo, dos de esas tres condiciones no se están cumpliendo porque hubo un evento extraordinario que alteró el panorama: el conflicto OTAN (Ucrania)-Rusia. Los ingresos siguen atrasados y la economía internacional va rumbo a una recesión. Esta situación inesperada sumó más presión por el lado de lo que se denomina "inflación importada" derivada del alza de los precios internacionales de alimentos y de la energía, y también de los aumentos de los insumos difundidos (aluminio, papel, acero, plásticos, químicos). La guerra modificó la frágil estructura oficial donde se montaron las piezas de la política económica, y no adaptarla, especialmente en el capítulo inflación, puede derivar en una situación aún más crítica. La revisión de las proyecciones de inflación (previstas de 38 a 48 por ciento) con el FMI, que el staff técnico probablemente aceptará, es lo menos importante de los supuestos que se deberían observar ante el notorio cambio de las condiciones de la economía mundial que están impactando a nivel local.

Incremento de los costos

No existen muchas dudas de que había que firmar un acuerdo con el FMI para despejar el frente financiero y cambiario, pero tampoco existen dudas de que es inflacionario dada la evolución comprometida de variables clave. O sea, el acuerdo era inflacionario antes de la guerra y lo es mucho más ahora con un shock externo negativo que ha arrojado a la economía mundial a un cuadro inflacionario desconocido de los últimos cuarenta años, con elevadas probabilidades de caer en recesión. El programa con el FMI es inflacionario porque exige transitar un camino de persistente devaluación con miniajustes diarios del tipo de cambio para acompañar casi a pleno la evolución de precios local. También lo es porque demanda aumentos de tarifas para disminuir los subsidios, en especial los energéticos, para alcanzar las metas comprometidas de déficit fiscal. Además lo es porque el objetivo de fomentar las colocaciones en pesos para desalentar la compra de dólares demanda subir la tasa de interés para que le gane a la inflación, y también permita acompañar el ritmo de devaluación. Pese a la escasa profundidad del sistema crediticio del mercado argentino, igual el alza de la tasa de interés eleva el costo financiero de operaciones comerciales.

La crisis política en el oficialismo

Las minidevaluaciones diarias para acercar la evolución del tipo de cambio oficial a la tasa de inflación registrada el mes anterior, los aumentos de tarifas para bajar subsidios energéticos y el alza de la tasa de interés, en un marco de una mayor tensión distributiva en la discusión salarial, tienen como saldo una mayor presión inflacionaria por el lado de los costos. Esto se traduce en algo que quienes han estudiado el régimen de elevada inflación de la economía argentina definen del siguiente modo: la actual política económica carece de un ancla relevante de los precios. Como se mencionó, Guzmán apuesta a que el ancla sea el programa económico acordado con el Fondo Monetario porque piensa que así se podrían coordinar las expectativas de empresarios y sindicalistas y, a la vez, recuperar reservas para mantener bajo control el dólar achicando la brecha cambiaria. Para ello reclama cierto orden político al interior de la coalición de gobierno, objetivo que, a esta altura, resulta difícil de alcanzar porque, precisamente, él se ha convertido en uno de los factores de mayor tensión entre la fuerza electoral mayoritaria del Frente de Todos (el kirchnerismo) y el presidente Alberto Fernández.

¿Por qué seguir devaluando pese al impresionante aumento de los precios de materias primas?

La idea dominante de que la competitividad de las exportaciones argentinas proviene especialmente de mantener un tipo de cambio real elevado es una de las confusiones más arraigadas en el análisis económico doméstico. Martín Vernengo lo expresó en forma muy clara en un tuit: "No hay correlación alguna entre tipo de cambio real multilateral y exportaciones. La elasticidad precio de las exportaciones siempre fue bajísima y sólo dependen de la demanda externa. Lo único que se logra devaluando es más inflación, mayor baja del poder adquisitivo y estanflación". Esto también se puede expresar en términos políticos: mantener el actual ritmo de devaluación con semejante nivel de precios internacionales de los principales productos de exportación significa una abusiva transferencia de ingresos adicional hacia un sector privilegiado. Además, el Gobierno decidió no aumentar retenciones ni diseñar un esquema de emergencia de retenciones móviles, preservando así la rentabilidad extraordinaria ("inesperada", según Guzmán) del complejo agroexportador. Ajustes del tipo de cambio para mantenerlo elevado en términos reales implican salarios bajos, a los cuales les cuesta recuperarse en la presente dinámica cambiaria. No hay misterios en esta secuencia porque son funciones macroeconómicas conocidas desde hace décadas del régimen de inflación elevada de la economía argentina. Revisar la política cambiaria (además de la tarifaria), al menos para los próximos meses, sería una de las facetas iniciales para diseñar una consistente estrategia antiinflacionaria integral, que en estos momentos, con índices generales mensuales de 6 por ciento, se ha vuelto imperiosa dada la actual tendencia de los precios”.

Según Zaiat, el ministro Guzmán cree que el acuerdo celebrado con el FMI, al generar expectativas positivas en la sociedad, logrará derrotar a la inflación. Ahora bien, si el acuerdo con el FMI es inflacionario será imposible generar tales expectativas. No se necesita ser un economista para percatarse de ello. Sólo es suficiente tener sentido común. Lo real y concreto es que las expectativas sociales vienen empeorando a pasos agigantados debido a la incapacidad de un gobierno que, para empeorar la situación, está a merced del duelo entre el presidente y la vicepresidenta.

Con semejantes números inflacionarios, la oposición salió con los tapones de punta. En las últimas semanas la televisión mostró los rostros de ex funcionarios del gobierno de Macri, como Hernán Lacunza, dando cátedra de economía. Realmente estos personajes carecen de vergüenza. Creen que la memoria de los argentinos es débil. Quizá estén en lo cierto. Pero como sentenció el gran Serrat, la verdad no tiene remedio. Y la verdad destaca un hecho incontrastable: el estruendoso fracaso de la receta ortodoxa aplicada por el gobierno de Macri para domesticar a la inflación. Esta afirmación lejos está de ser fruto de mi imaginación. En su edición del 15 de marzo de 2019 Marcelo Bonelli publicó el siguiente artículo en Clarín.

La reacción y la ortodoxia monetaria no logran frenar la inflación (*)

“La fuerte inflación de febrero confirma que ni la recesión y ni la ortodoxia monetaria alcanzan para controlar los incesantes aumentos de precios. El índice del 3,8 % es muy superior a lo que proyectaban, tres meses atrás, la Casa Rosada y el FMI. En los documentos confidenciales ambos esperaban alrededor del 2 % y con tendencia a la baja. La inflación de costos y la indexación que reapareció en la economía frenan las recetas del Banco Central y el FMI. Ambos-hasta ahora-fracasan en su lucha. La recesión tampoco da resultados: la semana próxima el INDEC anunciará un aumento fuerte en el desempleo, fruto del derrumbe productivo. Un informe de Jorge Todesca para conocimiento de la Casa Rosada afirma: la desocupación podría aumentar 1,5 punto y llegaría al 10,5 %. En otras palabras: a fin del año pasado unos 200.000 trabajadores adicionales se quedaron sin empleo. Así, se calcula que los sin trabajo llegarían a unos 2,2 millones. Se sabe: la inflación con recesión es la peor combinación económica. Índices como el conocido ayer son muy altos en medio de la caída productiva.

Por eso, el Presidente en forma personal trabaja medidas de aliento al consumo. Se juega la reelección. Mauricio Macri tuvo reuniones directas con Emilio Basavilbaso para ponerle dinero extra en el bolsillo a los jubilados y beneficiados de la AUH. Se trataría de créditos subsidiados del ANSES equivalentes a dos o tres haberes. Christine Lagarde avala estas iniciativas: la jefa del FMI esta dispuesta a todo, para intentar asegurar la reelección de Macri. Este jueves, Washington confirmó el anticipo de Clarín del último viernes: un acuerdo para volcar dólares del FMI al mercado cambiario. Dujovne lo negoció en el feriado del martes de carnaval con el hombre fuerte del Fondo. Tuvo una larga conversación telefónica con David Lipton, el delegado de Donald Trump en el organismo. La ayuda no cambia la letra del duro acuerdo: la Argentina no va a tener un fondo de intervención, como ayer interpretó el mercado. El intencional y confuso anuncio sugiere que el Gobierno podrá intervenir con 9.600 millones de dólares.

Lo acordado es otra cosa. Esos dólares ya estaba previsto que se iban a volcar al mercado en el segundo semestre del año, para enfrentar la dolarización de las carteras en vísperas de las elecciones. El pacto Lipton-Dujovne consiste en lo siguiente: anticipar esa liquidación de dólares a abril, porque la dolarización se anticipó y ya repercutió en forma negativa en marzo. La ayuda igual es una señal importante: el FMI quiere blindar a Macri. El Presidente enfureció con las críticas de Marcelo Tinelli. La Casa Rosada inició un ataque político contra el popular conductor. En el almuerzo que compartió con Roberto Lavagna quedó algo claro: Tinelli va a integrar el comando "Lavagna Presidente”, pero no será candidato a nada. Se guarda para el 2023. Macri esta fastidiado con buena parte del “círculo rojo” y en especial con los hombres de negocios. Les reprocha la falta de adhesión y compromiso con su reelección. Voceros de la Rosada se lo comunicaron a directivos de la Unión Industrial, la Cámara de la Construcción y la Asociación de Bancos.

El Presidente advierte en la intimidad: “Si gana Cristina, las empresas no van a valer nada”. Reprueba la falta de fidelidad y reitera: “Yo soy el único que puede evitar una crisis externa en el 2020”. El mensaje político de Macri fue claro. Esta es la traducción que hacen en la UIA: no comprende la apatía del “círculo rojo” y advierte que si pierde, van a perder todos. La presión surge porque la Casa Rosada percibe que hay una gran desilusión de los grandes empresarios con el Gobierno. Cristiano Ratazzi es el empresario que más apoya a Macri. En una reunión privada admitió: “Ahora por cada auto que exporto, pierdo 500 dólares”. El malhumor de los hombres de negocios obedece a que tienen una visión muy distinta a la de la Jefatura de Gabinete. En el Grupo de los 6 –las centrales empresarias más importantes– se insiste en que Cristina solo tiene chance de ganar por culpa de los múltiples errores y estrategias de la Casa Rosada. También le responden a Macri: la mala gestión de este gobierno hizo perder un 50 % el valor a las grandes compañías.

Le objetan la falta de determinación política de Cambiemos para que Cristina cumpla una detención ante las múltiples y concretas pruebas de corrupción. En especial, cuando no era senadora y no tenía fueros. También dicen en la intimidad que la Casa Rosada hizo cosas que le permiten a Cristina tener un absurdo relato económico. La chance se la dio el Gobierno a pesar de que la ex presidenta dejo una bomba económica. Macri está vehemente en sus convicciones y defiende a ultranza a Marcos Peña y su círculo íntimo. El empresario "Nicky" Caputo tradujo la situación en una hermética reunión de hombres de negocios: “No se confundan, Peña y Durán Barba no entornan a Mauricio”. Y remata: “Ambos hacen y le dan un envoltorio intelectual, a lo que el Presidente desea y quiere”. Ahora en el Banco Nación se encendieron las luces de alarma. Hay una fuerte puja interna en el directorio y el pedido de quiebra a Molino Cañuelas puso al desnudo su estrés de liquidez: la cerealera tiene una deuda impagable con el BNA por la friolera de 2.200 millones de pesos”.

En definitiva, la inflación le ganó a Macri y hará lo mismo con Alberto Fernández. El único presidente que logró domesticarla fue Menem, pero el precio que pagó el pueblo fue altísimo. Nos esperan, qué duda cabe, momentos durísimos. Que Dios se apiade de nosotros.

Hernán Andrés Kruse

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