Viernes 1 de Julio de 2022

Hoy es Viernes 1 de Julio de 2022 y son las 22:59 -

COLUMNAS DE OPINIÓN | ACTUALIDAD

16 de mayo de 2022

La educación “inclusiva” / José Luis Milia

Vale la pena leer con detenimiento el trabajo “¿Cómo son los 16? Trayectorias escolares desiguales en la Argentina” de Mariano Narodowski, de la Universidad Torcuato Di Tella; los resultados de este trabajo son una muestra tangible de que la educación igualitaria de la que el populismo- sea peronista o socialdemócrata, esto hay que decirlo- se ufana es, al menos en los últimos cuarenta años, una falacia.

Desde 1983 los argentinos hemos aceptado mansamente las mentiras de los políticos que declamaban que su objetivo era favorecer una calidad educativa que superara las diferentes condiciones socioeconómicas de quienes se incorporaban al sistema educativo nacional. Nada de eso fue cierto y se manifiesta de manera palmaria en el trabajo de Narodowski.

Veamos, sólo el 16% de aquellos que ingresan al sistema educativo argentino termina sus estudios secundarios en tiempo y forma. Esto, de por sí pésimo, viene acompañado por el hecho que las trayectorias escolares están condicionadas por tres variables: el nivel socioeconómico de los estudiantes, el nivel educativo de sus familias y el lugar donde viven.

Este drama educativo, ¿es un problema de presupuesto?, no, el presupuesto educativo ha crecido desde 1983, como porcentaje del PBI, un 46%, siendo en 2019 un 4,8% del mismo. La educación en la Argentina, al igual que un pescado cualquiera, se empezó a pudrir por la cabeza. Se inventaron políticas educativas o se compraron programas que ya en otras partes habían fracasado, se desprestigió la carrera docente y se consiguió que esta fuera un antro de vagancia. Gracias a esto, las escuelas de gestión privada no han dejado de crecer en Argentina, en detrimento de la escuela pública, sobre todo porque ellas significan- para las familias que privilegian la educación- seguridad y previsibilidad, fundamentalmente porque saben que en ellas la adhesión de los profesores y maestros a huelgas y paros políticos es baja o nula, porque sus hijos no serán adoctrinados y porque la disciplina sigue siendo, en estas escuelas, un activo de las mismas; esto hace que muchas familias de clase media y clase media baja hayan decidido hacer el sacrificio, cada día más duro, de pagar por una calidad de educación que el estado no le provee.

El fracaso de estas políticas “educativas” es, también, el fracaso de la escuela pública. De cada 100 chicos que llegan al último año de la secundaria, 66 lo hacen en la escuela pública y 34 vienen de escuelas privadas, pero esta relación se invierte cuando consideramos a aquellos estudiantes que llegan al fin de sus estudios en tiempo y con los conocimientos satisfactorios, el 64% proviene de escuelas de gestión privada y solo el 36% de establecimientos de gestión estatal.

Hoy, frente a los avances tecnológicos y basándonos en los resultados del estudio de Narodowski estamos en parecidas circunstancias a las que se encontraba la Argentina de 1869 frente a la segunda revolución industrial. Un inmenso país con solo 1.830.000 habitantes que arrastraba el lastre de un 87% de analfabetos; lastre que era de por si un impedimento para que el país incorporara las condiciones que posibilitarían un progreso económico que en el norte ya estaba en auge, pero que era también, por la ignorancia social que entrañaba, una invitación permanente para que ese casi millón y medio de iletrados fuera carne de montoneras y algaradas facinerosas. De allí la decisión de Sarmiento que su única política sería “escuelas, escuelas, escuelas…”

Ha sido nuestra culpa aceptar cuarenta años de mentiras en algo tan delicado como es la educación nacional- siendo ésta la única garantía de futuro que una nación tiene - y más aún cuando hemos visto sin preocuparnos como un grupo de caudillejos iletrados, Baradell, Yasky, Sonia Alesso y otros han entrado a saco en ella para convertir a la escuela pública en una barbarie institucionalizada con la única finalidad generar hordas electorales sin dignidad ni decencia que pueden ser manejadas de la misma manera que se maneja una majada de ovejas: a pasto y látigo.

La Argentina de 1869 tenía a Sarmiento, hoy tenemos a los Fernández…

José Luis Milia

[email protected]

Miembro Honorario del Centro de Estudios Salta

COMPARTIR:

Comentarios