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3 de febrero de 2022

Rosario, a merced del narcotráfico por Hernán Andrés Kruse

“Leviatán” fue uno de los libros de filosofía política más importantes de todos los tiempos. Su autor fue el inglés Thomas Hobbes, quien su propuso legitimar el absolutismo monárquico.

Consideraba que, previo al surgimiento de la sociedad política, reinaba el estado de naturaleza apoyado en el único principio aceptado por los hombrees: la ley del más fuerte. En el estado de naturaleza no existían el imperio de la ley, una justicia independiente y el monopolio del uso legítimo de la fuerza a cargo del aparato estatal. En el estado de naturaleza reinaban la barbarie, la justicia por mano propia y la impunidad.

Desde hace muchos años la cuna de la Bandera se asemeja cada día a más al estado de naturaleza hobbesiano. Puede afirmarse que en Rosario coexisten, como diría Domingo Faustino Sarmiento, la civilización y la barbarie. La civilización está concentrada en la zona opulenta de la ciudad, comprendida entre el río Paraná y las avenidas Oroño y Pellegrini. Más allá está la barbarie o, si se prefiere, el estado de naturaleza hobbesiano. Es una amplia zona conquistada desde hace muchos años por el narcotráfico. Si alguien prefiere que le ponga nombre al narcotráfico no tengo ningún inconveniente: el clan Cantero o, si se prefiere, “los Monos”.

Este grupo mafioso fue el protagonista principal de la inmensa cantidad de hechos de violencia que han venido sacudiendo a Rosario desde que se instaló en la zona sur de la ciudad (barrio Las Flores). Hoy está, aparentemente, en retirada. Pero ningún rosarino podrá olvidar que durante casi dos décadas sus miembros fueron amos y señores de lo que se conoce con el nombre del “Gran Rosario”, situado más allá del Paraná y las avenidas Oroño y Pellegrini. Fueron amos y señores de la vida de miles de rosarinos, casi todos de origen humilde. El monopolio del uso de la violencia quedó en manos de los Monos, lo que en la práctica significó una suerte de privatización del uso de la fuerza. En esa zona el Estado literalmente desapareció, lo que explica la impunidad con que contaron los Cantero para imponer su régimen de terror durante tanto tiempo.

Ahora bien, ¿cómo fue posible que los Monos hayan podido construir semejante imperio de violencia en Rosario? La respuesta se cae de madura. Los Monos fueron el resultado de una compleja red de complicidades al más alto nivel político, judicial y policial. En otros términos: los Cantero existieron porque contaron con el apoyo del poder político, judicial y policial. Todo se resume en la siguiente palabra: corrupción. ¿Cómo es posible, por ejemplo, que Guille Cantero continúe ejerciendo el liderazgo del clan desde la cárcel? ¿Cómo es posible que en 2013 un sicario haya baleado el frente del domicilio del entonces gobernador Antonio Bonfatti? ¿Cómo es posible que el condenado por ese ataque, Ema Pimpi Sandoval, haya sido asesinado a fines de 2019 por un grupo comando en una mansión de un camarista santafesino situada en el lujoso barrio de Alberdi? Estas preguntas tiene una sola respuesta: corrupción.

Todo parece indicar que desde hace un tiempo otras bandas de narcotraficantes estarían luchando por adueñarse del espacio que aparentemente dejaron los Monos, hoy aparentemente caídos en desgracia. Lo real y concreto es que la violencia se viene ensañando con los rosarinos desde hace un largo tiempo y todo parece indicar que el panorama empeorará. Como prueba de lo que acabo de afirmar transcribo un esclarecedor y dramático artículo de Leo Graciarena del diario La Capital, titulado “Triple crimen en Ybarlucea: una demencial emboscada terminó con una familia” (29/1/022). Su lectura provoca escalofríos.

“El casamiento de “Pinky”, un hombre acusado por haber integrado la banda de Olga “La Tata” Medina, terminó en un trágico triple homicidio la madrugada de este sábado en Ybarlucea, unos 10 kilómetros al noroeste de Rosario. Fue alrededor de las 4.15 cuando una familia que se retiraba en un Audi TT blanco de la fiesta realizada en un salón de eventos sobre la ruta provincial 34 S fue emboscada a balazos. Iván Maximiliano Giménez, de 35 años, recibió entre 8 y 10 balazos calibre 9 milímetros. Su hija Elena, de 1 año y medio, padeció media docena de impactos. Ambos fueron trasladados en una camioneta VW Amarok, piloteada por un vecino que asistió al evento, hasta el hospital Eva Perón de Granadero Baigorria. Ambos llegaron muertos. Mientras eso sucedía el Audi TT y Erica Vanesa Romero, de 37 años, mamá de la nena y pareja de Giménez, desaparecieron. Nada se supo de ella y el vehículo hasta que alrededor de las 5 de la mañana vecinos barrio Espinillo alertaron que en un camino rural a unas 35 cuadras de salón de eventos se estaba quemando un auto. Cuando los bomberos pudieron sofocar el incendio, comprobaron que en el interior estaba Romero sin vida.

Brutalidad

El departamento Rosario se ha acostumbrado a asesinatos brutales, despiadados, sanguinarios. Sin escrúpulos. Con algo, o mucho, de planificación. Crímenes sin códigos en los que ya no importa si entre los objetivos hay nenes pequeños o mujeres embarazadas. Los sicarios llegan y ejecutan. Emboscan y disparan. Como acto reflejo la memoria se dispara hacia el triple crimen ocurrido a las 20.30 del domingo 17 de febrero de 2020 en Empalme Graneros. Esa noche circulaban en una moto Christopher Nahuel Albornoz, de 21 años; su pareja Florencia Noemí Corvalán, de 21 y la hija de ambos, Adelain Chelsi Albornoz, que iba a cumplir dos años. Al llegar a Génova y Cabal fueron emboscados y asesinados con ráfaga de pistola ametralladora. Los vecinos aseguran que la pequeña Chelsi fue rematada en el piso. Christopher era uno de los hijos de Miguel Angel Albornoz, un hombre de 72 años sindicado como narco aunque él lo niega cada vez que tiene la oportunidad.

La fiesta

Según pudo reconstruirse entre distintas fuentes consultadas, el viernes por la noche se celebró en Campos de Ibarlucea, un salón de eventos sobre el kilómetro 5 de la ruta provincial 34 S que une Ybarlucea con Granadero Baigorria, la fiesta de casamiento de dos personas investigadas como presuntos miembros de la banda de Olga “Tata” Medina, condenada en junio de 2020 a cinco años de prisión por comercialización de drogas. Los novios, Esteban Enrique “Pinky” Rocha y Brisa Milagros Leguizamón Ferreyra, fueron procesados acusados de "integrar una organización dedicada al traslado, acopio, fraccionamiento y comercialización de estupefacientes cuya principal zona de influencia es el barrio La Cerámica de Rosario que funcionaría al menos desde abril de 2016 y en la cual distintas personas cumplen roles asignados”, según pudo leerse en una de las resoluciones de la investigación del juez federal Carlos Vera Barros. Fuentes policiales señalaron que la mujer estaba con prisión domiciliaria en un domicilio de Rueda al 200 bis —al parecer porque tiene hijos pequeños a su cuidado— y el hombre había sido excarcelado por la Justicia Federal.

Antes de la fiesta, según podía verse en un posteo de redes sociales, hubo una previa en un hotel de Puerto Norte para los más allegados. Luego el festejo se trasladó a un salón de eventos ubicado en un predio de 9.200 metros cuadrados. El lugar, ubicado al este del arco de bienvenida a Ybarlucea, tiene un espacioso parque rodeado de árboles añejos y un interior con escenario donde, según postearon en redes algunos de los invitados, tocó entre otros Sergio Torres, uno de los números más fuertes y celebrados de la cumbia santafesina. Según pudo saberse al festejo fueron invitadas alrededor de 300 personas, entre los que estaban varios integrantes de la familia Cantero con sus hijos. También estaban entre los invitados Maximiliano Giménez, su compañera Erica Romero y su pequeña hija de un año y medio. La familia llegó al lugar a bordo de un Audi TT patente ILX-987 valuado en alrededor de 75 mil dólares.

Sobre el final

De acuerdo a lo que explicaron encargados del lugar la fiesta culminó a las 4 de la mañana y entonces los invitados comenzaron a retirarse. Minutos después, sobre las 4.15 los empleados que desmontaban el servicio se toparon con que buena parte de los invitados regresaba hacia el salón a los gritos, espantados por algo que había sucedido afuera del predio. ¿Qué había pasado? El Audi TT en el que se retiraban Giménez y su familia había sido emboscado en inmediaciones del canal Ybarlucea por una camioneta gris o blanca cuya marca y modelo se preserva para no entorpecer la pesquisa en manos del fiscal Gastón Avila. En medio de una oscuridad sólo aplacada por las luces altas de los autos que circulaban por la 34 S, de la camioneta bajaron entre dos y tres personas que dispararon contra Giménez y su pequeña hija. Uno de los invitados, vecino de Ybarlucea, subió a los heridos a su camioneta VW Amarok y los condujo hasta el hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, ubicado a unos 6 kilómetros de distancia.

Un amigo de Giménez que llegó al lugar reportó ante la guardia policial que el muchacho asesinado era dueño de una cadena de panaderías. Si bien en un primer momento se referenció que la familia era oriunda de barrio Tablada, Erica Romero tenía domicilio en Asunción al 5400, en barrio Villa Urquiza, cerca del Fonavi del Parque Oeste. Giménez, por su parte, estaba domiciliado en Lima al 2600, a metros de avenida 27 de Febrero, en Villa Banana. Vecinos de Ludueña Sur, donde vivió y se crió Romero, recordaron a Giménez como "un pibe de la villa que echó vuelo y que movía mucha guita". Y agregaron: “El siempre decía que movía para Alvarado”.

Misterio

Mientras los heridos eran evacuados en estado desesperante —Giménez había recibido entre 8 y 12 balazos y su hija Elena otros 6, uno de ellos en la cabeza— el Audi TT y Erica Romero literalmente desaparecieron de la escena. La madre de Giménez llegó hasta el Eva Perón donde le comunicaron el deceso de su hijo y de su nieta. Entonces la mujer dijo a la guardia policial que nada sabía de su nuera y así se irradió un alerta para buscar el auto y la mujer. ¿Qué pasó con Erica? ¿Los sicarios aprovecharon la confusión y se la llevaron? ¿La mujer intentó escoltar el auto en el que llevaba heridos de muerte a su hija y su compañero y fue emboscada? ¿La secuestraron de la escena del crimen de su familia y se la llevaron? En un principio una versión indicó que Romero había llegado en el Audi hasta el hospital Eva Perón escoltando a su familia y que luego había regresado a Ybarlucea, pero con el correr de las horas esa hipótesis quedó descartada.

En la escena de la balacera, en un zanjón que se confunde con la banquina frente al salón de eventos, se hallaron una docena de vainas calibre 9 milímetros. Una vez que los heridos fueron evacuados en “Campos de Ibarlucea” no quedó nadie: todos los invitados se esfumaron y cuando la policía llegó al lugar, solo estaban los encargados y empleados del lugar. Alrededor de las 5 de la mañana, un vecino llamó al 911 y contó que en inmediaciones de Avellaneda y San Juan, al oeste del arco que da el recibimiento a la localidad de Ybarlucea, había un auto en llamas. Cuando un móvil policial se acercó al lugar, al costado de un obrador, vio que el auto blanco buscado se estaba incendiando.

Silencio

Cuando los bomberos apagaron el incendio constataron que en el interior del auto estaba el cuerpo de una mujer. El vehículo quedó reducido a menos de un metro de chatarra chamuscada. “No escuchamos nada. Mirá que por esta zona suele haber fiestas. Pero anoche no se escuchó nada”, dijo una vecina que aprovechó la desgracia ajena para hacer un reclamo: “¿Podrías poner que en esta zona de Ybarlucea no tenemos agua potable?”. “No se escuchó nada. Pero nada de nada. Ni gritos ni otros autos. Mirá que los perros son celosos y ladran mucho. Ninguno ladró anoche”, indicó otra vecina. Lo que quedó del Audi TT terminó en medio de un camino de tierra, ubicado en inmediaciones del Club Social y Deportivo Ybarlucea y el camping de la Asociación Mutual de la Educación Nacional (Amen), que conduce para un lado a la ruta 34 a la altura de estancia La Rinconada y hacia el otro, para Funes o Roldán por caminos rurales.

El fiscal Avila comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para trabajar en la escena del crimen buscando dar con potenciales testigos de alguna de las secuencias que tuvo el triple crimen. En el salón de eventos hay cámaras de video vigilancia que enfocan fundamentalmente hacia el interior. En el exterior a simple vista no se visualizaban, al igual que en la zona donde fue quemado el Audi TT con Romero en su interior. En ese sentido, algunos vecinos de Ybarlucea contaban ayer que si bien en la localidad hubo cámaras de vigilancia, hoy ninguna está en funcionamiento”.

Hernán Andrés Kruse

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