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19 de julio de 2018

Disfunción eréctil: los mitos que impiden al hombre consultar a tiempo

El sexo involucra siempre cuerpo y mente, y aunque los prejuicios sobre la masculinidad digan otra cosa, la disfunción eréctil es un problema de salud donde lo emocional y lo orgánico siempre están presentes, de manera diferente en cada persona.

El sexo involucra siempre cuerpo y mente, y aunque los prejuicios sobre la masculinidad digan otra cosa, la disfunción eréctil es un problema de salud donde lo emocional y lo orgánico siempre están presentes, de manera diferente en cada persona.

La erección del miembro viril –con la que cada hombre convive desde que nace– simbolizan culturalmente tantas cosas que a veces el hombre se olvida de que su pene es un órgano más de su cuerpo, y como tal no responde a la voluntad ni a ninguna obligación. Simplemente, no funciona así.

Ante un dolor de pecho, por ejemplo, la persona normalmente consulta al médico con la inquietud de que algo funciona mal en su organismo, y de que eso puede ser peligroso para su salud. Pero esa actitud suele ser muy diferente de lo que ocurre ante una disfunción eréctil: por lo común, a quien la padece sólo le importa que su pene esté funcional cuanto antes, sin preguntarse siquiera qué le pasa. Y esa es la preocupación que suele transmitirle al médico cuando consulta.

Alzar un dedo y tocarse la nariz es un movimiento voluntario: cualquiera puede hacerlo inmediatamente cuando lo desea; la erección del pene durante una relación sexual, en cambio, no es un movimiento voluntario, sino la respuesta fisiológica de un órgano (de modo que siempre involucra factores orgánicos) a ciertos estímulos físicos y mentales que a la persona le resultan placenteros (es decir que siempre involucra también factores emocionales).

La creencia errónea y a veces inconsciente de que la erección funciona como un “movimiento voluntario” es una simplificación que forma parte, según asegura, de una banalización que tiene consecuencias en la vida. 

La palabra de los especialistas

“Existe una banalización del pene, como si no fuera un órgano que forma parte del cuerpo del hombre”, explica el Dr. Sergio Pusarelli, médico urólogo (M.N.5235/M.P.81147) especializado en el tratamiento de las disfunciones sexuales masculinas en Boston Medical Group (BMG).

Asimismo, agrega que “la manera en que esos factores orgánicos y emocionales actúan en cada persona es lo que los especialistas tenemos que descubrir cuando nos llega al consultorio con una disfunción sexual, porque para solucionar el problema es necesario verlo como lo que es, y no como lo que el paciente cree que es”. Por su parte, el Dr. Fabián Gómez, también médico urólogo (M.P.11721 – Sta. Fe) y asesor científico del BMG, recuerda que “muchos hombres lo toman como si la erección fuese una obligación, y cada hombre tiene normalmente unas tres o cuatro erecciones fisiológicas al día, despierto o dormido, sin ninguna necesidad de estimulación erótica”. Tanto las erecciones fisiológicas como las que son producto del estímulo erótico implican un intenso flujo sanguíneo por los cuerpos cavernosos a través de una red de muchísimas pequeñas arterias. “Esos procesos naturales oxigenan los tejidos y ayudan a preservar la función eréctil, y cuando no ocurren, las células comienzan a deteriorarse –advierte el Dr. Gómez–. Por eso es muy importante que la persona consulte al médico lo antes posible cuando siente que tiene problemas de erección, porque en general son reversibles. 

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