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8 de enero de 2015

Epifanìa del señor: Columna a cargo de Horacio Robirosa

Con la venida del Señor es como si una gran luz hubiese amanecido sobre todos y la alegría y la paz, la felicidad y el amor hubiesen iluminado todos los corazones. Jesús es la luz que ha venido a iluminar y transformar a todos los hombres. Epifanía es la fiesta de la luz. Epifanía quiere decir "manifestación", iluminación. Celebramos la manifestación de Dios a todos los hombres del mundo, a todas las regiones de la tierra. Jesús ha venido para revelar el amor de Dios a todos los pueblos y ser luz de todas las naciones...

Esta fiesta que la Iglesia nos propone dentro del ciclo de la Navidad se encuentra en las Sagradas Escrituras: Mateo 2, 1-12, este pasaje evangélico  es sumamente rico de enseñanzas.  Los Reyes Magos no eran judíos como José y María. Venían de otras tierras lejanas (de Oriente: Persia y Babilonia), siguiendo a la estrella que les llevaría a encontrar al Salvador del Mundo. Representan a todos los pueblos de la tierra que desde el paganismo han llegado al conocimiento del Evangelio. Representan a todos aquellos que buscan sin cansarse, la luz de Dios, siguen sus señales, están pendientes de sus signos y, cuando encuentran a Jesucristo, luz de los hombres, le ofrecen con alegría todo lo que tienen. ¡Qué bueno pensar que en nuestras ocupaciones habituales se encuentran las señales de un Dios cercano y presente! Es una clara y rotunda invitación a buscarlo. La estrella anunció la venida de Jesús a todos los pueblos. Hoy en día, el Evangelio es lo que anuncia a todos los pueblos el mensaje de Jesús. A nosotros nos compete preguntarnos si somos estrella que conduce a los demás hacia Dios.

Los Reyes Magos dejaron su patria, casa, comodidades, familia, para adorar al Niño Dios. Perseveraron a pesar de las dificultades que se les presentaron. Era un camino largo, difícil, incómodo, cansado. El seguir a Dios implica sacrificio, pero cualquier esfuerzo y trabajo vale la pena con tal de encontrarlo y permanecer en El. Ellos, fieles a su profesión de “escrutadores de estrellas”, fueron premiados, “unos adelantados en la fe”. Creyeron aunque no veían, aunque no entendían. Lo encontraron en un pesebre y así lo adoraron y no llegaron con las manos vacías: le entregaron sus regalos. Esto nos ayuda a reflexionar qué clase de regalos nosotros le ofrecemos a Dios y a reconocer que lo importante es saber darse a los demás, más que el regalo en sí.

Nos dice el Papa Francisco: “Los Magos consiguieron superar aquel momento crítico de oscuridad en el palacio de Herodes, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra de los profetas que señalaba Belén como el lugar donde había de nacer el Mesías. Así escaparon al letargo de la noche del mundo, reemprendieron su camino y de pronto vieron nuevamente la estrella, esa estrella que no se veía en la oscuridad de la mundanidad de aquel palacio y el Evangelio dice que se llenaron de ‘inmensa alegría’”.

Así también nosotros nos alegramos y agradecemos por el don de la fe, por la Buena Noticia  que emana del Evangelio que nos lleva al encuentro de Jesús, allí  lo encontramos y le rendimos nuestra adoración, como los Reyes Magos.

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