18 de noviembre de 2019

ARA San Juan, entre la gloria y la desidia. Por Máximo Luppino

Hace dos años que el ARA San Juan, junto a su heroica tripulación, ingresaba dignamente al sagrado arcón de los valores no negociables de la argentinidad. Igual que Malvinas, o la gesta Antártica, el desaparecido submarino posee un lugar destacado en la memoria incorruptible del pueblo argentino.

Nuestra nave de guerra fue hallada a 900 metros de profundidad, en un mar frío como la desidia de algunos funcionarios y camaradas de armas que no mantuvieron adecuadamente al ya mítico submarino.

Jamás olvidemos que si el ARA San Juan navegó cerca de las costas de Malvinas estaba en todo su soberano derecho de hacerlo, son nuestras aguas, nuestro espacio aéreo, nuestras islas inmaculadas, regado su suelo de sangre de valientes hermanos que en valiente combate pelearon por lo nuestro. Si era conveniente, o si el San Juan estaba en condiciones técnicas de proceder a tan delicada misión o simplemente si estaba en situación de surcar el bravío océano, eso es algo que nosotros no podemos calificar. La justicia y los peritos dictaminarán tan delicada cuestión, y los responsables de ordenar a nuestra nave que cumpla con determinados objetivos militares acarrearán las consecuencias de tan delicado accionar.

La angustiante situación económica de millones de compatriotas que luchan diariamente por alcanzar el sustento básico para sus familias tienta a hacernos olvidar que nuestra patria es una Nación invadida por fuerzas británicas y que por la “razón de las armas” y la más cruda violencia fuimos despojados de nuestras sagradas tierras. En este contexto político hay que enmarcar la acción del ARA San Juan.

Las naciones se nutren del sacrificio y sudor constante de sus hijos que construyen una Nación soberana y libre para el presente pensando generosamente en la posteridad, en nuestros hijos y nietos. Desde el más modesto trabajador hasta los más destacados científicos y pensadores realizan su aporte a nuestra Nación que crece en la gloria de nuestros héroes, a pesar de la infame desidia de algunos desalmados. Los 44 tripulantes del San Juan nos regalaron un celestial argumento incuestionable para redoblar el compromiso con nuestra sociedad, pensando en una patria libre y justa, con igualdad de oportunidades para todos sus hijos. 44 valientes que entre espuma y sal marina desfilan orgullosos sobre las olas del recuerdo permanente de los hombres buenos de nuestra comunidad.

Los otros, los menos, no merecen siquiera ser nombrados. El ostracismo de los cobardes es demasiado desolador para siquiera repudiarlos en voz alta.

44 marinos cubiertos de gloria por nuestra límpida bandera marcharon dichosos junto a DIOS y su infinitud.

Máximo Luppino

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

Comentarios