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18 de marzo de 2017

19 de Marzo San José, esposo de la Virgen María. By Graciela Sainz .

La figura de este gran santo, aún permaneciendo más bien oculta, reviste una importancia fundamental en la historia de la salvación. Ante todo, al pertenecer a la tribu de Judá, unió a Jesús a la descendencia davídica, de modo que, cumpliendo las promesas sobre el Mesías, el Hijo de la Virgen María puede llamarse verdaderamente “hijo de David...

El Evangelio de San Mateo, en especial, pone de relieve las profecías mesiánicas que se cumplen mediante la misión de San José: el nacimiento de Jesús en Belén (Mt2, 1-6); su paso por Egipto, donde la Sagrada Familia se había refugiado (Mt 2, 13-15); el sobrenombre de “Nazareno” (Mt 2, 22-23). En todo esto se mostró, al igual que su esposa María, como un auténtico heredero de la fe de Abraham: fe en Dios que guía los acontecimientos de la historia según su misterioso designio salvífico.

      Movido por su fe inquebrantable, da cumplimiento a lo que Dios le pedía. Es pues, al lado de nuestra Madre María, un modelo de fe que nos muestra como ésta, es un camino de realización personal y de plenitud, es un don al que hay que acoger con reverencia. La vivencia de la fe en San José nos muestra cómo la fe auténtica es una fe de mente, de corazón y de acción; por lo que es para nosotros un modelo de fe integral.

     Es, al mismo tiempo un modelo paradigmático de obediencia y disponibilidad, de entrega sin medida a Dios, de donación total. Nos muestra a los hombres de este siglo, instalados en falsas seguridades y cerrados sobre nuestros  propios caprichos, que la obediencia vivida con prontitud y generosidad es un camino que  plenifica  y dignifica a quien lo sigue y que todos estamos llamados a recorrer.

      Por todo esto se dice de José, varón justo; cumplidor de la palabra de Dios, obedece los preceptos, está atento a las mociones de Dios y obedece con prontitud a ellas. Nos enseña a vivir la vida  en Dios, a tener una visión de eternidad, una visión sobrenatural de las cosas, así como él, la actitud de cumplir siempre la voluntad de Dios.

      San José es Patrono de la Iglesia, y protector de ella, como dice León XIII: “Es, por ello, conveniente y corresponde que así como San José atendió a todas las necesidades de la Familia de Nazaret y concedió su protección, cubra ahora con el manto de su celeste patrocinio y defensa a la Iglesia de Jesucristo”. (Quamquam Pluries. 3).

       El Papa  Benedicto XVI   expresaba su total confianza en la protección de San José: “… que él obtenga a los sacerdotes, que ejercen la paternidad con respecto a las comunidades eclesiales, amar a la Iglesia con afecto y entrega plena. Sostenga a las personas consagradas en la observancia gozosa y fiel de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.

  Que él proteja a los trabajadores de todo el mundo, para que contribuyan con sus diferentes profesiones al progreso de toda la humanidad, y ayude a todos los cristianos a hacer con confianza y amor la voluntad de Dios, colaborando así, al cumplimiento de la obra de salvación y sea para todos,  el Patrono de la Buena Muerte”.

                       Consagrada a la Virgen, grupo M.I. Tandil

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