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17 de mayo de 2016

Un nuevo capítulo del tarifazo: aumenta el pan

Panaderos bonaerenses advierten que uno de los alimentos por excelencia en la mesa de los argentinos sufrirá un incremento del 25%. Es por el fuerte ajuste en las boletas de gas, luz y agua. No descartan nuevas subas si se dispara el valor de la harina. Una encrucijada inflacionaria que golpea a comerciantes y consumidores

Se viralizó en redes sociales. A través de dos imágenes que, en plena era digital, valen más que mil palabras o discursos. En la primera: una boleta de gas, con vencimiento en abril de este año y un saldo de $1.952,51;  en la segunda: el mismo servicio, a vencer el 23 de mayo del corriente, pero con un total de $20.270,74, es decir, con una suba del 1040%. La víctima: una panadería de la localidad bonaerense de Pehuajó.

La situación se ramifica entre los distintos comercios del país, de la provincia y de La Plata, donde los panaderos, según consultó Hoy, también comenzaron a sentir los fuertes incrementos en la luz, con facturas de la empresa Edelap que pasaron en la región de $2.000 a $12.000 (un 600% más) en apenas un mes. Mientras que el agua, con incrementos de hasta un 700% o el combustible, con un 31% más en lo que va del año, contribuyeron a agravar la situación.

Producto de este cóctel inflacionario, ayer, el presidente de la Federación Industrial Panaderil de la Provincia de Buenos Aires (FIP), Emilio Majori, anticipó que, desde hoy,  el kilo de pan pasará de costar $32 a $40 en el sur de la provincia de Buenos Aires, mientras que la semana que viene llegará a ese valor en todo el territorio gobernado por María Eugenia Vidal

“Nuestros problemas son los mismos que los del conjunto de la sociedad: el aumento en servicios significa una suba sustancial en la materia prima de nuestro sector”, aseguró Majori, quien, a su vez, aclaró que ese salto del 25% en el precio de uno de los alimentos más elegidos por los argentinos para su mesa será aplicado en forma “preliminar”, dado que aún no finalizó el análisis del impacto total del tarifazo energético. Por lo pronto, el traslado a las góndolas sería diverso en los distintos distritos de la provincia.

Por su parte, el presidente de la Federación Argentina de la Industria del Pan, Luis Benito, lamentó a nuestro diario que, “en épocas como estas, se siente como una angustia en el pecho porque aumenta todo y uno quisiera no trasladar los costos a los precios, pero se hace imposible. ¿Cómo hacemos?”, se preguntó este panadero porteño, de larga trayectoria y tono campechano.

Para Benito, la encrucijada es difícil de sortear: “Conformamos una industria familiar y nos cuesta mucho remarcar, porque tenemos un diálogo cotidiano con el cliente, nos ponemos de su lado. Así que es complicado: si no subimos el precio no tenemos ganancias, y si lo hacemos bajan las ventas, que ya han caído un 20%”, argumentó.

Mientras, en esta coyuntura en la que la inflación se dispara, según los economistas, a un ritmo interanual del 42,2% (Ver página 2), panaderos -y consumidores- temen que, como se prevé, el impacto tarifario se vea reflejado en los molinos harineros, lo que implicaría nuevas subas en el pan y derivados como facturas, galletitas, golosinas, fideos, trasladando sus efectos, no sólo a panaderías -que se llevarán la peor parte, por depender de productos panificados para subsistir-, sino a casas de comida (como pizzerías o rotiserías) y, obviamente, supermercados, donde el consumo se reduce mes a mes.

Este es, como ya informara Hoy en la nota titulada El nuevo capítulo del tarifazo, del 22 de abril pasado, la otra cara del ajuste, la que no sólo debilita el ya malherido bolsillo de los argentinos, sino que también coloca al borde del quebranto a las Pymes y pequeños comerciantes. Éste es el costo al que, según aseguran los especialistas, el gobierno podría cumplir con su lejana promesa de bajar la inflación en el segundo semestre: profundizando la recesión, disminuyendo la capacidad de compra de los trabajadores y llevando el consumo a niveles tan bajos que podrían colocar a la industria nacional en “peligro de extinción”.

“Sin consumo, muere la industria nacional”

Por Claudio Boada (Director de la Unión de Usuarios y Consumidores)
Especial para Hoy

El anunciado aumento en el pan nos sorprende, pero no nos extraña, porque era de esperar que con el incremento de los insumos energéticos ocurrieran estos sobresaltos.

Entramos en una espiral inflacionaria que nadie sabe cuándo se va a detener, porque los comerciantes no pueden hacer frente a los tarifazos y estos impactan en los consumidores. Todo lleva a una retracción en las compras, porque la gente no tiene disponibilidad de dinero para consumir. Así, la tendencia es que los precios bajen por recesión y es una locura: reducir los niveles de consumo puede producir una baja de la inflación, ¿pero a costa de qué? Del hambre de millones; de la quiebra de Pymes y pequeños comerciantes que proveen el 80% de la mano de obra del país; del desempleo.

Como se ve, la situación es muy crítica; entramos en un círculo vicioso que podría darle muerte a la industria nacional.

 

Érase el granero del mundo

El país que alguna vez supo ser el granero del mundo, hoy ni siquiera puede garantizar leche, pan y carne en la mesa de todos los argentinos. Porque en la misma nación en la que hay vacas y trigo a granel, la leche y el pan son los más caros de la región.

Así, mientras en la Argentina un litro de leche entera de primera marca larga vida cuesta en promedio US$1,50, en países vecinos como Brasil se consigue a US$1,17 ($16,84). Este producto incrementó su valor en un 129% en apenas tres años y hoy se vende en góndola hasta a $21,75 por litro; mientras los tamberos se llevan solo $2,60 por litro, un 640% menos de lo abona el consumidor.

Algo similar ocurre con nuestros panificados: un pan lactal blanco de paquete chico, por ejemplo, se llega a pagar hasta US$3 ($43), pero en Brasil se consigue por US$1,57 (unos $22).

Y ni qué hablar de la carne, que en lo que va del año ha subido un 24% y hoy se llega a pagar $140 el kilo el asado, es decir u$s 9,68, cuando en Brasil se consigue a u$s 9.

Mientras, en nuestras pampas, la inflación y la caída en el consumo solo parecen alimentar una cosa: el ingenio popular de los comerciantes que en provincias norteñas como Corrientes optan por promocionar ofertas de carnes cada 100 gramos, como estrategia para disimular el alto costo del kilo. Vivezas criollas de la coyuntura.

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