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26 de abril de 2016

¿Buscan saqueos para negociar impunidad? by Rodolfo Patricio Florido

Las palabras de un incondicional pero con vuelo propio muestran la desesperación por la catarata de juicios, imputaciones y procesos que; a pesar incluso de algunos jueces federales, se viene sobre las principales figuras del cristikirchnerismo incluyendo a Cristina y a su hijo Máximo. Dijo Fernando “el chino” Navarro… “Fue mi líder y conductora.

Hoy el liderazgo la trasciende, pero hoy no me conduce. No porque yo no quiera, sino porque ella decidió no conducir. Plantea a la dirigencia que “arme” el frente ciudadano. No dice: “Lo voy a armar yo”. Del PJ ya se apartó y lo dice expresamente. Ella decidió no conducir, por lo tanto tenemos la responsabilidad de construir una conducción”. Esto a su vez, confirma la nota de fecha 14 de abril que lleva por título “Cristina se va del Partido Justicialista y arma otro partido. Su estrategia”.

El tema es que algunos dirigentes con vuelo y ascendencia propia, como el Senador Miguel Ángel Pichetto y el propio “Chino” Navarro, ya construyen el control de sus propios destinos en el Justicialismo que se está reordenando; mientras que otros dirigentes, entre aterrados por el futuro judicial y atados al destino del cristikirchnerismo duro, tratan de imaginar algún descontrol callejero que eventualmente los pueda devolver al centro de la escena cuando menos para intentar negociar alguna cuota de impunidad judicial.

El problema, es que el Gobierno no solo ha resuelto no incidir en la Justicia como la hacía el anterior, sino, muy por el contrario, dejar que esta encuentre su lugar de equilibrio y de responsabilidad social y política sin exculparse por una intromisión ejecutiva que muchas veces buscan porque les es más fácil someterse y que el Ejecutivo corra con los costos de la intromisión antes que aceptar su rol y las consecuencias sociales y políticas de sus negociaciones personales.

Ya no se trata de si estamos o no ante los albores de la refundación de una nueva República, sino que; el sistema de intromisiones cruzadas entre los tres poderes, colapsó en paralelo a una sociedad que demuestra su hartazgo por una corrupción a la que empiezan a responsabilizar por las pesadillas de su cotidianeidad económica y laboral. Las encuestas y los ratings lo demuestran.

Si bien el gobierno ha perdido entre 5 y 8% de apoyos, se sigue manteniendo con un alto nivel de adhesión superior al 60% en medio de la peor etapa que es cuando la sociedad debe vivir con los ingresos de hace un año y los costos crecientes del ajuste y la inflación. En otras palabras; pasado el mes de julio, cuando los salarios hayan recuperado parte de su caída (cierre de paritarias) y los aguinaldos compensen de alguna manera los agujeros de la crisis, la sociedad comenzará a ver la desaceleración de la inflación y la recuperación de la obra pública al calor de un presupuesto más equilibrado y un flujo de fondos internacionales que financiaran no pocos proyectos estructurales.

Obviamente no será la panacea, pero si implicará una estabilidad de los números presidenciales e incluso una recuperación de los mismos. Y, esto, desespera a un cristikirchnerismo que verá mermado su número de legisladores e intendentes al calor de un gobierno que se consolida y de un Justicialismo que busca reinventarse.

Mientras tanto el cristikirchnerismo estará afectado por un creciente número de citaciones judiciales al calor de una sociedad que quiere ver que sus esfuerzos sean siquiera recompensados por el final de una impunidad que mostraba una obscenidad de dinero oscuro proveniente de los ajustes ciudadanos.

La sociedad ha comenzado a comprender que el dinero que le falta es el dinero que le han robado. Claro que también es cierto que una parte de la sociedad no ha querido ni le ha importado ver nada de esto mientras creía que vivía una suerte de distribucionismo perverso que oficiaba de cortisona. O sea ese medicamento que no cura nada pero mejora la percepción de salud inmediata tapando la enfermedad de base que carcome el cuerpo.

El peronismo ha transitado su vida pendulando, con sus matices pragmáticos, entre una expresión izquierdista populista y otra liberal nacionalista. La diferencia es que hoy, pareciera que el péndulo se partió o se está partiendo, dando a luz a dos expresiones políticas partidarias diferentes o incluso quizás tres (massismo).

La reunión de San Nicolás del 23 de abril en donde Intendentes, legisladores, dirigentes y militantes peronistas se reunieron en el autodenominado Primer Encuentro de Militantes Peronistas apoyando la idea de la ex presidenta Cristina Kirchner de "crear un frente ciudadano en defensa de los derechos del pueblo", se dirige hacia la fractura señalada en el párrafo precedente.

Por el otro lado, están los gobernadores peronistas que cada día están más lejanos a Cristina Fernández de Kirchner y que administran sus espacios provinciales de Poder en armonía con un Gobierno Nacional del que precisan y que, si bien no les exige la verticalidad que les demandaba Cristina, tampoco premia el conflicto permanente o la mala administración compensándola con recursos federales.

Scioli sigue siendo la única incógnita. Navega o hace la plancha en aguas complejas, tratando de cosechar donde ya no hay siembra para él. Es por un lado la imagen del fracaso electoral y, en paralelo, su propio mutismo y su dialéctica confusa, le da pequeñísimos márgenes de maniobra, mientras que sobre su propia cabeza transitan riesgos tribunalicios por las crecientes pruebas de un enriquecimiento personal que está muy por encima de sus reconocimientos escritos.

Es por todo esto que el cristikirchnerismo pareciera que solo avizora la provocación de conflictos sociales de la mano de sectores violentos alquilados (barras bravas, delincuentes, policías exonerados, intendentes abandonados, narcotraficantes, etc.,) para intentar disminuir la presión judicial y política que puede terminar con muchos dirigentes en la celda de al lado de Lázaro Báez, Pérez Gadín y Ricardo Jaime. El éxito o fracaso de esta hipótesis, dependerá en mucho de la velocidad judicial o cuando menos, que se desmoronen antiguas cuasi complicidades. En otras palabras… un arrepentido más y cae la conducción.

Lic. Rodolfo Patricio Florido

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