8 de abril de 2016

¿Bajará la inflación en el segundo semestre? by Jorge Ingaramo

La respuesta es: sí, es posible. Cuando se producen fuertes cambios de precios relativos (devaluación y mega-ajustes tarifarios), la inflación “de los Índices” se vuelve mucho más inestable que la de los “fundamentals”. El gobierno nacional había adoptado, erróneamente, una estrategia gradualista (mediados de enero) y luego, hace una semana, cambió por un claro shock tarifario, que se verá inmediatamente en los índices y, en un par de meses, en los fundamentales.

Aciertos y errores

Entre otros, se cometieron dos errores fundamentales, luego del éxito de la salida automática del cepo:

a) Elegir una estrategia gradualista en lo fiscal (bajar el déficit de 7 a 4,8% del PBI este año), que es virtualmente imposible de financiar sin una inflación muy elevada: no hay cómo colocar tanta deuda en un mercado financiero pequeño como el argentino. Esta estrategia se modificó desde los anuncios de ajustes en el transporte, el gas, el agua y los combustibles, la semana pasada. Ahora ya no habrá ajustes tarifarios.

b) Junto con el anuncio del gradualismo, desde mediados de enero, se dejó subir el valor del Dólar. La flotación “sucia” no fue tal y el precio de la divisa creció 18% hasta que, “por orden de arriba”, el 1º de marzo se decidió bajarla, con una suba de 7 puntos en la tasa de interés de las LEBACs cortas. Desde entonces, el precio del Dólar cayó 8% y ahora todo indica que la banda de flotación estaría entre $/U$S 14,60 y 15. El Banco Central alquiló Reservas pero se resistió a usarlas, basando su estrategia en el control monetario y la regulación de la liquidez bancaria.

Veamos los aciertos:

Las situaciones fiscal y monetaria mejoraron:

1) Comparando el déficit del Tesoro del pasado mes de octubre, con el de febrero de este año, se registró una baja del 7 al 4,8% del PBI. Las transferencias por subsidios bajaron 20% y el gasto de capital un 24%. Si consideramos el gasto “manejable” (excluidos salarios, jubilaciones y deuda), la baja nominal es del 15,1%.

2) Hay muy bajo financiamiento del déficit por el Banco Central, que se ocupa más bien de proveer liquidez al sector privado, luego de la fuerte contracción monetaria implementada desde el 1º de marzo. En lo que va del año, la Base Monetaria cayó 3% y los dos principales indicadores de liquidez (M1 y M2) lo hicieron al 11,4 y al 10,0%. La liquidez, medida por estos dos indicadores, tiene un crecimiento interanual de un 21,8%, es decir que está convergiendo a un valor de 1,7% mensual, de inflación.

La recaudación tributaria de enero fue un gran acierto, pero en febrero y marzo, esto se revirtió. La suba del Tipo de Cambio, del 63% entre puntas (9/12/15 al 1/3/16), produjo un claro efecto recesivo ya que el público no recibió aumentos de sueldos que compensen la suba en el precio de los alimentos. Por eso y, pese a lo que se diga sobre la inflación medida por los índices, la “verdadera inflación” (o sea la medida por la recaudación de los 6 principales impuestos que afectan al mercado interno), está convergiendo al 1,8-1,9% mensual. Así, en el primer trimestre, la recaudación del IVA interno, creció 23,5% interanual y la de los 6 principales impuestos, un 25,6%. Como se ve, la inflación no es la de las góndolas, sino la del verdadero bolsillo del consumidor que “se la banca”.

Consecuentemente, estamos convergiendo a una inflación de fundamentals inferior al 2% mensual que, por supuesto, no se podrá observar en los índices de abril (recibirán el impacto de tarifazo, en el AMBA). Sí podría verse en mayo, siempre que se controle el Tipo de Cambio (es factible, ya que está entrando la liquidación de la cosecha gruesa).

¿Es sostenible esta baja de inflación de los fundamentals? Sí, ya que -con los ajustes tarifarios- el déficit financiero del Tesoro podrían bajar a cerca del 3% del PBI, un monto que puede ser financiado parcialmente con adelantos del Banco Central y, fundamentalmente, con la colocación de deuda. Insistimos que hay que mantener la conducta fiscal de los dos primeros meses del año y, si es posible, profundizarla. De esta manera, en junio estaríamos bordeando una inflación del 1% mensual.

Comunicación y reflejos

-La comunicación de lo económico deja mucho que desear, por eso nadie entiende qué están tratando de hacer y parece que el ajuste fuera una acción dañina, para perjudicar a la gente. Además, hay demasiadas autoridades actuando (y hablando) en materia económica y no existe una voz oficial que, aparte, proteja la figura presidencial.

Se recomienda mayor rapidez de reflejos ya que, además de comunicar mejor, hace falta acelerar los paliativos para que el clima social “afloje” un poco, luego del ajuste. Así:

-El BCRA, sin alterar su autonomía, debería llevar adelante una flotación, con banda, en materia cambiaria. Es posible una banda cambiaria, previsible, de (digamos) $/U$S 14,6 comprador y 15 vendedor, por lo menos hasta junio, ajustable, de acuerdo al programa monetario del Central (debidamente comunicado con antelación).

-La Nación debería acordar con estatales, una paritaria similar a la de los empleados de comercio: 20% por 6 meses (y luego revisión) más dos sumas fijas a cobrar en abril y mayo. En junio está el aguinaldo y se puede revisar en septiembre.

-En lugar de devolver el IVA por canasta básica (requiere Ley y es engorroso), se debería conceder un subsidio por 6 meses (sale por decreto y se dirige a beneficiarios bancarizados) a: 1) jubilados con la mínima, una asignación de $ 400, mensuales 2) beneficiarios de AUH, $ 150 mensuales. Se logra el efecto buscado sin complicar la vida de nadie. Cuesta M$ 19000, en los seis meses (el 0,34% del PBI). Dopo, vediamo

-Las empresas y sindicatos deberían acordar paritarias como la de Comercio, por 6 meses y comprometerse a revisar los números en septiembre. Suponiendo que el 20%, más las dos sumas fijas, impliquen un aumento de 30%; que los salarios son el 30% del costo; y que parte de ese 9 % (en puerta de fábrica) ya fue trasladado, no es iluso pensar en un impacto (ponderado) “en los índices”, que se reduzca gradualmente, desde el 1% en abril al 0,4% en septiembre, de modo que acumulen 5% semestral.

-Para que el empleo privado no sufra tanto, habría que estimular a la Construcción. Una forma de hacerlo es con créditos personales a los asalariados en blanco, que están pagando inversiones “en pozo”. Dichos trabajadores tienen la doble carga de cuota y alquiler y podrían ser aliviados con un crédito ajustable de acuerdo al Índice de la Construcción, evitando así la interrupción (o promoviendo el inicio) de obras.

Como se ve, es posible atenuar el sacrificio que todavía falta y demostrar que somos capaces de no boicotear el logro de nuestro propio bienestar. Un tercio de la reducción de la pobreza depende de la rápida caída de la tasa de inflación.

Lic. Jorge Ingaramo

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