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20 de marzo de 2020

Cada vez seremos menos personas porque cada vez seremos más ricos

El crecimiento demográfico parece imparable. Sin embargo, debido a que cada vez hay menos personas pobres en el mundo, parece que dentro de muy poco empeará a frenarse.

A fecha de 2015, alrededor del 59,94% de la población mundial vivía en Asia. La población mundial total ascendía a 7 200 millones de personas. Según la edad, se repartían así:

 

Entre los 0 y 15 años: 2 000 millones.

Entre los 15 y 30 años: 2 000 millones.

Entre 30 y 45: 1 000 millones.

Entre 45 y 60: 1 000 millones.

Entre 60 y 75: 1 000 millones.

En el año 2030, el segmento de edad de 0 a 15 años habrá pasado de 2 000 a 4 000 millones. Es decir, que se habrá doblado, y solo en quince años. El resto de segmentos, naturalmente, también crecerá como resultado del envejecimiento de la población.

 

En el año 2060, en total habrá 10 000 millones de habitantes. Pero justo a partir de esta década, las proyecciones indican que la tendencia empezará a frenarse. En 2075, por ejemplo, solo se habrán sumado 1 000 millones de personas más, hasta alcanzarse un total de 11 000 millones. La gente, sencillamente, llevará muchos años teniendo menos hijos, favoreciendo el crecimiento negativo. A partir de 2100, seguramente empezaremos a ser menos personas en el planeta.

 

Familias numerosas: pobreza extrema

En el año 2017, el tamaño medio de una familia que se encontraba entre el 10 % de la población que vive en extrema pobreza tenía una media de cinco hijos. El resto de la población tiene una media de dos hijos. En cuanto las familias tienen más ingresos, el número de hijos empieza a disminuir de promedio, sobre todo en países con una alta mortalidad infantil, como Somalia, Chad, Mali y Níger, tal y como explica Hans Rosling en su libro Factfulness:

 

"Cuando los padres ven que sus hijos sobreviven, cuando ya no se necesita mano de obra infantil y cuando las mujeres tienen acceso a la educación y disponen de información sobre métodos anticonceptivos y pueden acceder a ellos, los hombres y mujeres de todas las culturas y religiones empiezan a soñar con tener menos hijos y proporcionarles mejor formación."

 

Ni siquiera la religión parece un elemento importante a la hora de contabilizar el número de hijos: las mujeres musulmanas tienen, de media, 3,1 hijos; las mujeres cristianas tienen 2,7.

 

Lo que marca la diferencia es la pobreza: hace solo 200 años, el 95% de la humanidad vivía en la pobreza extrema, y ese porcentaje apenas ha variado en miles de años. Si las tendencias siguen su curso, en 2030 es probable que alcancemos el 0 %.

 

El poder de la riqueza para hacer descender la natalidad es tan importante que basta con que una población empiece a disponer de agua potable para que tenga lugar este descenso, tal y como explica Peter H. Diamandis en su libro Abundancia:

 

"De los 1.100 millones de personas en el mundo que no tienen acceso al agua no contaminada, el 85 por ciento vive en el campo. De los 2,2 millones de niños que mueren al año por beber agua contaminada, la inmensa mayoría también viven en el campo. Así pues, una máquina capaz de proporcionar agua potable a esas comunidades, al aumentar la salud y las tasas de supervivencia de los niños, en realidad reduciría la fertilidad allí donde más importa hacerlo."

Sergio Parra

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