6 de octubre de 2019

Alerta en la Antártida por la masiva llegada de turistas

Con el comienzo de la temporada de cruceros, se estima que más de 80 mil visitantes recalarán en el continente blanco.

El martes pasado comenzó la temporada de cruceros en Argentina y Ushuaia estima que el crecimiento de este tipo de turismo será del 20%. En la temporada 2019-2020 están programadas 431 recaladas, algo histórico para la capital de Tierra del Fuego.

Con este crecimiento, también aumentaron las visitas de turistas a la Antártida. Según la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos (IAATO por sus siglas en inglés) esta temporada llegarán más de 80 mil turistas al continente blanco. El 90 % de estos turistas partirán desde el Puerto de Ushuaia para experimentar la Península Antártica en cruceros.

"Acá hay un tema importante que es la decadencia a través del éxito. A veces, los grandes movimientos de personas a ciertos destinos que son ambientalmente delicados generan un efecto contrario al éxito de las visitas", comenzó diciendo a Radioinforme 3 Miguel Ramírez, ex director provincial de Antártida e Islas del Atlántico sur.

Sin embargo, para Ramírez, la Antártida Argentina tiene implementado una metodología para reducir ese impacto.

"Las tour operadoras están reguladas perfectamente. El número, que a veces a uno lo asusta, procede de una forma que si bien los buques son cada vez más grandes, los pasajeros no descienden sobre el continente. Los descensos se hacen de manera regulada y sólo están permitidos para buques de 400 pasajeros", comentó.

Y agregó: "Lo que es el turismo masivo en barcos de lujo no descienden. La gente no va a hacer una expedición o una bajada, sino que ven el continente desde afuera".

Ramírez hizo hincapié en la "preocupación constante" de asociaciones internacionales sobre el crecimiento de este turismo.

"Aquellos que bajan al continente deben hacerlo con botas y equipos especiales. Además, está señalizado por donde se puede caminar. No podés hacer lo que vos quieras", dijo.

Si bien el turismo es una preocupación, la pesca es otra. Según Ramírez, el índice de contaminación en la zona es "cada vez más restrictivo".

"En los '70 había balleneros que llegaban a la zona para obtener aceite de ballena. Esto fue cambiando y mutando. Se han hecho muchas recomendaciones y por ejemplo, las navieras deben tener doble casco para circular. La preocupación es hasta dónde podemos dejar crecer estas actividades sin dañar el destino del lugar", finalizó.

Entrevista de Miguel Clariá. Informe Sebastián Peri Robledo.

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