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26 de septiembre de 2018

La mandarina, un cítrico para combatir enfermedades infecciosas

Constanza Luciardi, becaria en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), es una de las autoras de un trabajo que demuestra que los aceites esenciales y terpenos alojados en la cáscara de la mandarina roja, conocida científicamente como citrus reticulata, funcionan como estrategias para combatir la agresividad de bacterias patógenas en el organismo y debilitar su resistencia a los antibióticos.

De esta manera, la inclusión de tales derivados benéficos en productos de la industria farmacéutica o alimenticia -en dosis determinadas-, podrían favorecer a la salud humana en su duelo contra ciertas enfermedades infecciosas resistentes. Alguna de ellas, producidas por los alimentos (gastroenteritis, diarreas o cólicos), o bien para controlar infecciones en piel como piodermitis, entre otras.

“La búsqueda comienza a partir de conocer las virtudes de diversos productos naturales regionales, más allá de las nutricionales”, revela la doctora Elena Cartagena, investigadora en el Instituto de Biotecnología Farmacéutica y Alimentaria, quien codirigió la investigación, junto al doctor Mario Arena.

“En esta oportunidad trabajamos con distintos aceites esenciales que se constituyen por mezclas complejas de sustancias volátiles; principalmente terpenos, producidos por el metabolismo del vegetal, concentrándose en las cáscaras de estos cítricos”, describe Cartagena. Y agrega: “Entre algunas de sus múltiples funciones, se destacan la actividad antifúngica, antivírica y antibacteriana en altas concentraciones y en bacterias de vida libre”.

El avance destaca una particularidad que no había sido explorada: la capacidad de los aceites volátiles y terpenos de mandarina de atenuar la virulencia microbiana, a través de la interrupción de un mecanismo de comunicación bacteriana

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