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26 de julio de 2018

Los secretos para una buena ducha

En los días de frío llegamos a casa con un único deseo: darnos un baño bien caliente y en verano, lo que más desearíamos para refrescarnos es darnos una ducha fresca, mejor todavía si es con un gel de ducha que huela a menta y lima. Es más, si pudiéramos, nos ducharíamos varias veces al día. Pero esos deseos, ¿son buenos para el organismo?

“Ducharse varias veces al día reseca la piel”, aseguran los dermatólogos. “En el peor de los casos pueden salir eccemas”, advierten.

Entonces, ¿cuál es la medida justa? Eso depende de cada tipo de piel. “Si una persona ya tiene la piel seca, ducharse una vez por día puede ser demasiado”, comentan los expertos. Pero en verano esta contraindicación puede ser fatal. Para muchos la ducha es parte de su rutina diaria, y puede que no nos sintamos muy cómodos si un día tenemos que renunciar a este placer.

Para evitarlo, lo que podemos hacer es prestarles atención a los productos que utilizamos al ducharnos. Para empezar, vale la pena pensar si realmente necesitamos todo lo que usamos, porque si bien el agua ya de por sí daña la barrera de la piel, el efecto se ve reforzado por los geles y jabones, que dañan los lípidos que protegen el cutis, explican los especialistas.

A las personas que se duchan mucho se les recomienda no utilizar ese tipo de geles y, en todo caso, elegir un desodorante perfumado al finalizar la ducha. La transpiración y el polvo también pueden limpiarse simplemente con agua. “Es suficiente si utilizamos algún producto suave ‘en las zonas críticas’ como las axilas, los pliegues de las ingles, los pies y debajo de los pechos en algunas mujeres”.

Lamentablemente hay una regla que en el caso de la ducha suele confirmarse: lo que divierte no es sano. “Los geles no deberían tener ni aroma, ni color, ni conservantes. Son mejores los tensoactivos”, explican los dermatólogos. “No hacen espuma y tampoco brillan al aplicarlos, pero resecan menos la piel y protegen el manto ácido.”

Es más, el efecto “perjudicial” de la ducha se puede compensar de otras maneras como, por ejemplo, aplicando productos que humecten la piel, pero no cualquier producto, sino lociones. Además, al aplicarlos siempre hay que tener en cuenta el viejo principio: menos es más. No es bueno colocarlos en todo el cuerpo. Hay que hacerlo únicamente en las partes más afectadas.

En líneas generales, podría decirse que el verano es más benévolo con que el invierno. “Cuando hace frío, la piel se reseca más rápido por el aire de la calefacción”, cuentan los especialistas. En cambio la transpiración que tenemos en días cálidos lubrica la piel y estabiliza el PH. Sin embargo, en verano hay que tener en cuenta que ese grado de humedad sólo permanece en la piel si tenemos una piel con suficiente grasa. Si uno quita o daña esa grasa permanentemente, destruye la capacidad de almacenamiento y genera un círculo vicioso.

Por eso los dermatólogos desaconsejan darse duchas calientes demasiado largas, para evitar que se dañe el contenido graso de la piel.

También recomiendan duchas breves y no demasiado calientes: “La temperatura del agua no debería superar la temperatura corporal.”

¿O sea que en verano todo es ideal, porque a lo sumo nos damos una ducha fría? No tanto. Lo cierto es que las duchas muy frías enfrían todo el cuerpo y tienen un efecto a muy corto plazo. La ducha tibia, en cambio, tiene un efecto vasodilatador que lleva a que el cuerpo pueda liberar calor. En resumen, los especialistas dicen que lo mejor es una temperatura tibia media.

Por supuesto, por más recomendaciones que nos den, siempre tenemos que escuchar a nuestro cuerpo, porque la temperatura perfecta depende del contexto. “Si uno quiere calmarse por la noche, es bueno reducir la temperatura corporal” y puede hacerlo con agua caliente, lo que hará que el cuerpo genere y pierda temperatura. Eso en invierno. En verano, si los vasos ya están dilatados por el calor, no hay modo de reforzar ese efecto. Si nos duchamos con agua cliente, lo único que lograremos es tener problemas de circulación.

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