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1 de enero de 2016

La muerte de Antonio Carrizo: adiós al caballero de la radio

Figura de la época dorada de la radiofonía argentina, el locutor murió ayer, a los 89 años. Seis décadas de micrófono, TV, un amor desmedido por los libros, amistades con Niní Marshall, Jorge Luis Borges, Vittorio Gassman. Héctor Larrea recuerda a su maestro.

En épocas de voces grabadas por Whatsapp, contar sus comienzos implica un increíble viaje por el tiempo. General Villegas y un primer trabajo en una propaladora (un camioncito que cargaba con un megáfono en el techo). “Yo iba a bordo y promocionaba Mejoral por altoparlante, por varios pueblos”, enroscaba el pañuelo años atrás al evocar ese mundo extinguido. Su hito fue la llegada a la ciudad de Buenos Aires, como “locutor frasero”, por Radio del Pueblo y Radio Belgrano. “Sea más hermosa esta noche, use jabón Lux”, era una de sus muletillas al micrófono.  “Gastaba mucha plata en libros. Me decía: ‘Tengo equis guita, tengo que conseguir trabajos para llenar más pilas’”, recuerda Larrea sobre esa compulsión de lectura que lo distinguía. “Hoy tengo sentimientos encontrados. La muerte es lamentable, pero he sentido mucho y he orado para que Dios lo librara del sufrimiento después de tanto tiempo. Se le fue el peso del sufrimiento”.  Amigo de figuras míticas, se jactaba, por ejemplo de su relación con Jorge Luis Borges. “Lo presenté en Radio El Mundo en 1955. Fue impresionante. Nos achicó a todos. Después, le hice alguna entrevistas cuando ya tenía más entrenamiento”, explicaba. Las entrevistas pueden leerse en un libro de 300 páginas que editó El Fondo de Cultura Económica:  Borges el memorioso. Conversaciones con Antonio Carrizo.  Partenaire de Niní Marshall en Radio El Mundo, aún sobreviven  en la web audios crujientes del dúo. “Confieso que ella era un explosión de nervios, se le enrojecía el escote cuando trabajámos con mucho público. Entonces me decía: ‘No me dejes sola, Carrizito. Quedate cerca. Me pongo en tus manos’. Porque yo era más canchero y sabía contenerla. Nunca olvidaré su voz diciendo ‘Hello Tony’, cuando interpretaba a la paqueta Mónica Bedoya Hueyo de Picos Pardos Sunsuet Croston. Era una grande”.

Nacido un 15 de septiembre como Antonio Carrozzi, contaba que el “nuevo apellido” se lo habían elegido en una prueba en Radio El Mundo, en 1948. Padre boticario (“un radical yrigoyenista”, lo definía) madre ama de casa, aprendió a leer a los cinco años. “Era el que se lucía leyéndole a las visitas y el que leía los versos en cada acto. La infancia mía duró hasta los 20 años”, se sinceraba. “Un día, tarde, me fui de casa. Mamá me cargó en una valijita vieja unas camisetas y unos calzoncillos y emprendí camino”.  Ejerció la locución en épocas en que no existía el carnet obligatorio. Su primera compañera publicitaria fue Beatriz Taibo. Su fortaleza estaba en su facilidad como dialoguista y en su memoria prodigiosa de datos. “Yo, como todo lector compulsivo, soy un frustrado, un humillado por la grandeza, un ególatra, un petulante, un engreído. Voy a las librerías y me tutean. Me he pasado la vida en una librería. Amo el libro como objeto. Pasé la vida diciendo que la lectura no da derechos. No hay ninguna diferencia entre un compañero que lee y uno que no”.    “Creo que sí hay profesionales colegas míos que son de culto. El peruano Guerrero Marthineitz, Cacho Fontana. La mía es una carrera inmerecidamente rica. Me reconocen ahora por mis años”, intentaba quitarle peso a los homenajes a seis décadas de oficio. “Mi meritocracia son los años. Cuando Nat King Cole llegó al país, por ejemplo, a fines de los cincuenta, lo presenté yo en el Gran Rex”.  Dos décadas de aire con La vida y el canto, también sumó en radio ciclos como El locutorio y Río Revuelto. Su relación con la televisión estuvo ligada a la mismísima inauguracion de Canal 13, de la que participó. Continuó con programas como Guitarreada Cruz y Sábados continuados, Polémica en el Fútbol y La Primera de la Noche. Y se lució con el sketch de Toda estrella tiene contra, en 1989, junto a Juan Carlos Calabró, cuando jugaba a ser el amigo de los famosos, quien luchaba porque el desubicado “Contra” no hiciera enojar a los invitados. “Estudiábamos cada libreto que hacíamos, pero el público no lo sabía. Creían que Calabró era un genio improvisando y yo un genio contestándole tan rápido”.

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