Sábado 28 de Mayo de 2022

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VARIAS

6 de marzo de 2022

De sodero a pornostar: lo echaron por tener sexo con sus clientas y ahora vende contenido erótico

Leandro es trabajador sexual y desde hace varios años también se dedica a comercializar fotos y videos XXX por Internet. “Quiero dedicarme de manera profesional y tener una productora propia”

Leandro -mantiene en reserva su apellido- entrena tres horas por día. Siempre por la mañana. Antes, se prepara un desayuno proteico y deja preparado el almuerzo para cuando regresa del gimnasio. Por las tardes se saca fotos desnudo, se filma mientras se masturba o tiene sexo y piensa qué material es el que va a compartir en las redes.

“Siempre fui una persona que viví excitada, caliente, me pasaba mucho de intercambiar fotos con gente por Instagram. Era una práctica habitual en mi. Hasta que caí en la trampa de una falsa mujer: le mandé de todo pensando que era una señorita y resultó ser un hombre”

La mañana siguiente a aquel episodio se encontró con su celular estallado de mensajes, propuestas y pedidos. En las fotos difundidas en Twitter, además de su pene, estaba su cara junto al nombre de su perfil en Instagram.

“Lo oculté durante mucho tiempo y lo blanqueé el último año. Tengo tres hermanas menores. Con la más grande somos hijos de los mismos padres; las otras dos son chicas y mi papá las tuvo con otra mujer. El problema es que vengo de una familia tradicional, y esto no está bien visto”, contó.

Un destino marcado por la muerte de su papá

El hombre de 28 años agregó: “La mujer que me crió tiene 78 años. Nunca le conté que brindo servicios sexuales. Sabe que vendo videos o contenido pornográficos, pero como de esas cuestiones no se puede hablar, prefiero no hacerlo”.

Oriundo de La Tablada, Alejandro dedica sus días a mantener encuentros sexuales con hombres y mujeres. Comercializa contenido erótico en packs de fotos y videos y también trabaja como actor porno. Su destino -tal como él lo expresó- comenzó a escribirse cuando cumplió los 18, con la muerte de su papá.

—¿Cómo te golpeó el fallecimiento de tu papá?

—Muy mal. Aún no lo supero. El ingreso más grande de la casa lo proporcionaba él, así que terminé la secundaria y me puse a trabajar. En carga y descarga de camiones. Pero no duré mucho tiempo. Levantaba mucho peso y me cansaba.

—¿Y ahí qué hiciste?

—Bueno, sentía que me iba a ir mejor relacionándome con la gente. A partir de ahí trabajé en diversos comercios, siempre atendiendo al cliente. Vendí elementos de sanitarios, calzado de dama, hasta que entré en una sodería.

—¿Cuántos años fuiste sodero?

—Seis. Me gustaba porque me servía para entrenar. Al principio en el depósito limpiando o acomodando. Después salí a la calle: primero como acompañante y después manejé mi propio camión.

—¿Qué recordás de esa época?

—Que una vez que me subieron al camión los repartos no paraban de dispararse. La empresa arrancó con un vehículo y en un año compraron dos más. Yo estaba muy bien físicamente, bronceado, eso me servía.

—¿Para qué te servía?

—Para sentirme mejor y también para dar una buena imagen. Ganar más clientes. Con honestidad, empatía y simpatía vas a todos lados. Entendí que lo más importante era no fallarle a un cliente. Si sos un relojito y siempre cumplís, se queda con vos para siempre.

—¿Te relacionabas con ellos?

—Sí, mucho, pero sabía cuánto tiempo destinarle. Teníamos 120 repartos por semana. Si le dedicaba 10 minutos a cada uno no terminaba más. Pero con una charlita breve alcanza para saber de ellos y ganarte la confianza.

—¿Y cómo fue que pasaste de ese trabajo a ser actor porno y vender contenido sexual?

—Bueno, lo que me prendió la lamparita fueron las propuestas de mujeres. Las propuestas para tener sexo, ¿no? Aunque mis primeros clientes fueron varones. Dos brasileños.

—¿Cómo fue eso?

—Fue una sorpresa realmente. Estaba trabajando y me propuso practicarme sexo oral. Le dije que sí, pero si había alguna monedita... Me pagó $2000, que en ese momento era plata. Imaginate que a mi por día en la sodería me pagaban $700.

—¿Te sentiste cómodo?

—Sí, porque yo tengo en claro que soy heterosexual, que me gustan las mujeres, pero que tampoco tengo problema en compartir esa intimidad con personas de mi sexo.

—¿Y con mujeres también tuviste sexo pago?

—Sí. Yo fantaseaba con bajarme del camión y poder tener sexo con ellas. Con los varones no tenía ese deseo. Ahora, no te miento, por ahí cuando bajaba me acomodaba un poco ahí abajo para que se me note más.

—¿Salías después del trabajo con ellas o lo hacías en sus casas?

—En sus casas, ahí, rapidito. Por ejemplo una mujer en Moreno me encontró en la calle un día trabajando. Me dijo que quería que le llevara sodas y un bidón. A la tercera vez que le entregué me dijo si no quería pasar a tomar un café.

—¿Y qué pasó?

—Fue dos veces más a tomar café. A la tercera tuvimos sexo. Después me mandaba un mensaje y me decía cuándo estaba libre y lo hacíamos. Me quedaba media hora, era más por el morbo que por otra cosa

—¿No te trajo problemas mezclar lo personal con lo laboral?

—Y sí. El desenlace de la historia de la sodería no fue bueno: además de que me estafaron y no me llevé ni un peso, supuestamente uno de los motivos por los que me echaron era porque tenía sexo con las clientas.

—¿Qué hiciste ante ese escenario?

—Buscar trabajo. Encontré laburo en una fábrica, me encargaba de la producción. La verdad es que daban todas las comodidades. Mientras mantenía el vínculo con algunos hombres que me pagaban para hacerme sexo oral.

—¿En esa misma época comenzaste con lo virtual?

—Claro. Fotos y videos. Ese fue el inicio. Después de eso la gente me ofrecía buena guita y me largué con encuentros sexuales. Fue muy difícil empezar, después dejé hasta que pude trabajarlo en mi cabeza.

—¿Por qué difícil?

—Y porque no lograba excitarme o tener erecciones prolongadas. Era complicado. Después comencé a usar la pornografía. A hacer un trabajo previo en casa antes de salir: tocarme y pensar. Ahora que no soy un principiante, lo sé manejar.

—¿Tomás viagra?

—Lo tengo en la billetera por las dudas, pero actualmente lo hago de manera natural. Tengo clientes que exigen mucho.

—¿Tuviste que mejorar la alimentación?

—No, siempre comí bien. Quizá sí hago planes de vitaminas, porque cuido mucho mi salud. Pero hay muchas técnicas para lograr una erección prolongada o una mayor eyaculación.

—¿Qué recordás de esos inicios?

—En esa época que me fui a Palermo y atendía a tres o cuatro personas. Para un hombre es una locura. Tenía que tener sexo con cuatro o cinco personas por día. Lo dejé de hacer porque sabía que me iba a ocasionar un daño físico.

El sueño de tener una productora porno

“Ahora estoy dedicado a esto, a la pornografía, me siento más preparado que nunca. Hace poco grabé una escena para una película muy linda que va a salir. La verdad es que es un deseo que tengo: dedicarme al porno de manera profesional y tener una productora propia”, contó Leandro.

En cuanto a la exposición, asegura que no lo excita desnudarse ante las cámaras. “Hoy con lo que hago vivo tranquilo. No quiero hablar de dinero, pero vivo y puedo ahorrar. Le metí, me interioricé, trabajé y hoy puedo dedicarme a esto”, contó.

 

También dijo que no solo son hombres los que lo solicitan para mantener encuentros sexuales o quienes requieren sus fotos y videos: “Las mujeres me piden mucho. Con ellas capaz que me junto a filmar un buen video”.

“Soy muy copado pero solo pongo una condición: no me beso con hombres ni dejo besarme. Soy heterosexual sin besos. Lo aclaro porque hay muchos hombres que me buscan para compartir una hora con un novio. Y les digo que no, es mi único freno”, concluyó.

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