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10 de mayo de 2020

Las aguas bajan en el Paraná

Especialistas de universidades nacionales ubicadas en la Cuenca del Plata coincidieron en que la bajante del río Paraná, la más importante de los últimos cincuenta años, se debe a la falta de lluvias en la zona

Investigadores del Litoral, Entre Ríos, Nordeste y Misiones describieron a ese fenómeno como “natural”, aunque “preocupante”, ya que hay registros de otras situaciones similares desde principios del siglo XX.

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Consultados por el Suplemento Universidad, explicaron que se trata de procesos cíclicos que se registran en cualquier cuenca y alertaron sobre la depredación de la fauna del río por parte de empresas privadas –sólo está permitida la pesca de subsistencia–. Además, advirtieron que la falta de lluvias podría impactar en el abastecimiento de agua potable y la generación de energía. En todos los casos, remarcaron la necesidad de que el Estado ejerza su poder de control.

 

Ubicado en la Cuenca del Plata, que comprende a Argentina, Paraguay, Brasil, Bolivia y Uruguay, el Paraná tiene una extensión de 4.800 kilómetros. Sus principales tributarios son los ríos Grande, Paranaíba, Tietê, Paranapanema, Iguazú, Paraguay y Salado; y otros argentinos como Piray Guazú, Guayquiraró, Corrientes, Yabebirí, Gualeguay, Carcarañá, Arrecifes, Ludueña, Santa Lucía y Urugua-í, entre otros.

“La situación hidrológica en la Cuenca del Plata es muy preocupante. Las lluvias son absolutamente insuficientes para la época del año y los pronósticos anuncian para los próximos días muy pocas lluvias en la porción brasileña de la cuenca, que no alcanzan ni para satisfacer dos días de la evaporación normal de la época”, explicó Enrique Gandolla, ingeniero en Recursos Hídricos de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM).

Gandolla anticipó que “de prolongarse esta situación, la sequía se profundizará y sus efectos agravará la producción rural, el abastecimiento de agua potable, la hidroenergía, la navegabilidad, el turismo y otras actividades”. Puntualizó que en la represa de Urugua-í, de Misiones, “desde hace algo más de una semana se paró la generación de energía a partir de la central hidroeléctrica del arroyo Urugua-í, de 120 megavatios, por falta de agua”. “En la actualidad, el problema es bastante más complejo que culpabilizar a Brasil por el manejo de sus represas”, subrayó.

Los efectos de la disminución

El Paraná tuvo varios déficits de caudal importantes desde principios del siglo XX, momento en que comenzaron a tomarse registros. Antes de la bajante de 1970 hubo fenómenos parecidos en 1903 y 1904 en el Puerto de Paraná, el más antiguo de la zona, y se registraron reducciones por debajo del cero en 1924, 1925, 1927, 1930, 1933, 1934, 1937, 1938, 1943, 1944, 1948, 1949, 1962, 1963, 1964, 1967 y 1968, precisó Oscar Duarte, ingeniero en Recursos Hídricos y docente en la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER).

Por su parte, Alejandro Ruberto, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), afirmó que “la bajante más extrema del Paraná, en la sección Corrientes, fue en 1944, cuando el 7 de octubre de ese año se midió un caudal de 3.945 metros cúbicos por segundo y el 30 de agosto de 1970, que fue de 6.430 metros cúbicos por segundo”.

“La causa de la bajante del Paraná en Corrientes se debe a la falta de escurrimiento por falta de lluvias en la cuenca alta, en Brasil y parte del río Paraguay”, afirmó Ruberto, que también es investigador de la UNaM.

Al ejemplificar el fenómeno, Duarte recordó que el 29 de abril último, en Entre Ríos, ingresaron al Paraná 9.450 metros cúbicos por segundo contra el promedio, que es de 17.283 metros cúbicos por segundo. Es decir, se registró poco más de la mitad del promedio.

José Macor, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), descartó que los problemas del Paraná estén relacionados con el manejo de represas brasileñas, por entender que esos emprendimientos “actúan como moderadoras para atenuar las crecidas y las bajantes extremas”.

“Han existido bajantes o crecidas extremas en un período que va desde principios del siglo XX hasta inicios de los ‘70. La de ahora es una baja muy pronunciada y eso llama la atención y es la más importante de los últimos 50 años, aunque hubo otras más importantes y antes de la construcción de represas”, señaló Macor, que además dirige el Centro de Informaciones Meteorológicas (CIM) de la UNL.

En otro orden, advirtió que con la disminución del caudal “se registran inconvenientes en la navegación porque se ven afectados los puertos por donde salen las exportaciones de productos y de granos, ya que los barcos cargan menos volúmenes a raíz de su gran calado. También se ve afectada la depredación de la fauna ictícola, porque los peces quedan atrapados en lagunas y no pueden salir a cursos principales. Otro problema es el vertido de líquidos cloacales e industriales, porque el río, al estar tan bajo, no tiene capacidad de circulación y puede generarse contaminación”.

“Tierra de nadie”

El geólogo Carlos Ramonell, docente en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la UNL, coincidió en que la bajante “es un fenómeno natural debido a la escasez de lluvia desde la primavera del año pasado en la parte brasileña de la cuenca, donde está la mayor cantidad de represas”.

A esos problemas actuales, Ramonell destacó que el Paraná “es tierra de nadie, porque a partir de la privatización del gobierno de Carlos Menem se liberó el control de los puertos porque se le sacó potestades y se desfinanció a la entonces Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables”, que hoy es Puertos, Vías Navegables y Marina Mercante, ente al que calificó como “un organismo muerto”.

Para Sylvina Casco, doctora en biología e investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura de la UNNE, los peces también son afectados por estas bajantes, ya que “sus huevos no pueden ser dispersados en las lagunas de la planicie inundable, donde muchas especies tienen sus áreas de cría, y al quedar aislados, quedan más expuestos a los predadores”.

“La dificultad de acceso al agua potable para distintos usos en las localidades vinculadas al río es otro inconveniente ocasionado por esta bajante extraordinaria”, enfatizó Casco, que es también investigadora del CONICET en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral, en Corrientes.

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