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12 de mayo de 2019

NUESTRA SEÑORA DE FATIMA By Horacio Robirosa (*)

En la primavera de 1916, Lucía, Francisco y Jacinta, los tres pastorcitos a los cuales la Virgen se les apareció en Fátimaun año después, tuvieron su primer encuentro con un mensajero celestial: “No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Recen conmigo.”

Él se arrodilló, doblando su rostro hasta el suelo. Con un impulso sobrenatural hicimos lo mismo, repitiendo las palabras que le oímos decir:Diosmío, yo creo,adoro, espero y  te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan ni te aman. 

Después de repetir esta oración tres veces el ángel se incorporó y nos dijo: “Oren de esta forma. Los corazones de Jesús y María están listos para escucharlos.Y desapareció. 

El efecto intenso que esta aparición del Ángel tuvo sobre los niños, fue diferente a la experiencia un tanto serena con la Virgen el año siguiente. Lucía dice: “No sé porqué, pero las apariciones de la Virgen produjeron en nosotros efectos muy diferentes que los de las visitas del ángel. En las dos ocasiones sentimos la misma felicidad interna, paz y gozo, pero en vez de la posición física de postrarse hasta el piso que impuso el ángel, nuestra Señora trajo una sensación de expansión y libertad, y en vez de estaincomodidad en la presencia divina, deseábamos solamente exaltar nuestro gozo. No había dificultad al hablar cuando nuestra Señora se apareció, había más bien por mi parte un deseo de comunicarme. 

Esta diferencia puede tal vez ser explicada de la siguiente manera: Los ángeles tienen en común con Dios una naturaleza espiritual, no mezclada con la materia. La bondad de su ser, llena de justicia divina, de acuerdo con el nivel de gloria dado a cada uno, irradia esa santidad sin mediación, proporcionada a la capacidad de los seres humanos para experimentarla. No sin razón las escrituras demuestran cuan fácil se puede confundir a un ángel apareciéndose a un hombre con el mismo Dios. (Ap. 19:10, 22:9). Sin embargo, cuando se aparece nuestra Señora, aunque su gloria es mayor a la del más alto serafín, su naturaleza humana cubre esta gloria, así como pasó con la naturaleza de nuestro Señor, aún después de su Resurrección. 

Aunque los ángeles también pueden aparecer en una forma más mundana, debe haber sido parte del propósito divino el revelarles a los niños algo de la Santidad de Dios.  

Meditando lo que decía Lucía, podemos entrar dentro de la atmósfera cercana a María y sentir su calor, su gracia, su presencia tangible de Madre que nos hace llenar de gozo espiritual al acercarnos a Jesús. 

Que, como Lucía, tengamos ese deseo de comunicarnos con nuestra Madre, ella nos escuchará y elevará a su Hijo nuestras preocupaciones, alabanzas y acciones de gracia. Nos conducirá a Él. 

 

 

(*) Voluntario de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría 

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