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30 de marzo de 2018

“Vivir de rodillas ante los más pequeños”, lo dijo el obispo en su homilia del Jueves Santo

Con el lavado de pies durante la misa del Jueves Santo, el obispo convocó a los fieles a cuidar la vida más vulnerable.

Como es tradicional todos los Jueves Santos, Monseñor Ariel Torrado Mosconi lavó los pies de 12 miembros de la comunidad en la Iglesia Catedral de Nueve de Julio, recordando así el gesto supremo de humildad que tuvo Cristo con sus discípulos.  Este año, con la particularidad de que las doce personas elegidas para lavar sus pies eran de muy diversas condiciones: desde un bebé de apenas seis días, hasta una abuela que ha gastado su vida en el servicio de la comunidad, chicos especiales y adolescentes del Hogar de Cristo, una señora embarazada ya cercana a dar a luz y otros jóvenes y adultos.

“En ese gesto está condensado todo el Evangelio – aseguró el prelado-. De rodillas ante el hermano. Este es el lugar de la Iglesia. El que debemos estar todos los creyentes. Así lo enseña Jesús a la hora de dejar su testamento espiritual, donde condensa toda su enseñanza a través del elocuente gesto del lavatorio de los pies. Alguno podrá decir que no se arrodilla ante nadie y eso es válido si se entiende en el sentido de no doblegarnos ante los poderosos y ser fieles a nuestros principios y convicciones”.  

Asimismo manifestó su deseo para que todos puedan renovar su vocación solidaria “El Señor, como Maestro, nos enseña a vivir de rodillas ante los pequeños, los pobres y los necesitados. No tengamos miedo a ponernos de rodillas ante ellos. Sólo allí, de rodillas, mirando desde abajo a los más pequeños somos capaces de contemplar la grandeza de la dignidad de cada hermano, la belleza de su existencia, la hermosura de su singularidad personal”.

Torrado Mosconi aclaró que en el gesto elocuente del lavatorio de los pies le toca como ministro hacer presente a  Jesús en la última cena, pero que lo hace “con temor y temblor” representando también “a todos los que viven a los pies de los pequeños: las madres que se juegan por la vida aún en situaciones difíciles, los padres que luchan incansablemente por sus hijos especiales o con alguna discapacidad, los sacerdotes, religiosas y voluntarios que sirven a los pobres, los hijos que cuidan con amor de sus padres ancianos, los hermanos que luchan para ayudar a salir de la esclavitud de las adicciones a los jóvenes. Y tantos otros, que en su vida profesional y familiar gastan su existencia al servicio de la vida más vulnerable”.

Por último recordó que cada vida es un don de Dios, independientemente de su condición, e invitó “a renovar nuestro compromiso de honrar y servir la vida”. “Nadie está de más, nadie es sobrante de la sociedad, cada vida vale, con Jesús pongámonos de rodillas a los pies de los más pequeños”, finalizó.

 

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