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10 de agosto de 2017

Conmociona la historia de un niño wichí que vivía en una jaula

Tiene 14 años y un serio retraso mental. Por la pobreza en que viven, sus padres nunca pudieron llevarlo a un hospital

En medio del aislamiento y la pobreza extrema en que viven las comunidades aborígenes del monte salteño, la historia de un chico wichí logró conmover al país. Se trata de Dante, que tiene 14 años y se calcula quevivió gran parte de los últimos cuatro encerrado en una jaula de madera de menos de un metro cuadrado como un animal. Sin recursos para llevarlo a un centro sanitario que ofreciera contención a sus problemas neurológicos, sus padres lo encerraban allí para protegerlo de su propia condición.

La historia de Dante comenzó a circular a principios de esta semana gracias a las imágenes que publicó en su perfil de Facebook el periodista salteño Brian Salazar, en las que se podía apreciar a Álvaro, de 14 años, encerrado en una jaula de madera y con las que pretendía mostrar las condiciones de abandono en las que viven las comunidades indígenas del lugar.

Según contó Salazar, el menor pertenece a una comunidad indígena de etnia wichí que vive en condiciones de extrema pobreza en la localidad salteña de Alto la Tierra, olvidada por el Estado provincial desde hace décadas.

“Lo tenían dentro de la jaula para cuidarlo porque cuando está suelto se les escapa, cuesta encontrarlo y con el calor que hace aquí, que llegamos a 50 grados, es peligroso que camine 15 o 20 kilómetros suelto”, explicó el periodista.

Salazar relató además que el joven, que no habla y vive aislado del resto de la sociedad, fue operado de la cabeza a los tres años y sufre desde los cinco fuertes dolores de cabeza que lo hacen gritar, así como graves problemas mentales.

Por las condiciones de pobreza en las que viven sus padres nunca pudieron viajar hasta la ciudad más cercana para ingresarlo en un centro de salud y hacerle chequeos médicos, por lo que se vieron forzados a encerrarlo en la jaula de madera para evitar que se escapara.

“Acá las comunidades originarias están muy olvidadas. Dios quiera que se solucione todo esto y le puedan construir una vivienda digna”, pide el periodista, quien afirma que el gobierno provincial se comprometió a construir un cercado perimetral a la vivienda de la familia para evitar que se escape.

No obstante, tanto Salazar como los padres del joven piden que se le construya una vivienda grande con garantías mínimas para su salud.

Mientras estamos nosotros en casa, él se mueve por todos lados porque lo cuidamos y lo vemos en forma permanente, ahora cuando debemos hacer cosas, ahí lo enjaulamos. Si lo dejamos libre, sale corriendo y se escapa. Es capaz de desaparecer”, explicó a los medios locales Adolfo Gabi, el papá.

“Es un changuito bueno -agregó-. Necesitamos que nos ayuden, necesitamos que venga un médico a verlo, un especialista. Nosotros no podemos llevarlo a ningún hospital porque no contamos con los medios para hacerlo, y si lo llevamos, como él no habla, es capaz de tener ganas de hacer pis, se baja lo pantalones y hace en cualquier lado. Por eso le pedimos a las autoridades que vengan acá”, explicó.

Según medios de Salta, donde la noticia generó un escándalo político, el papá de Alvaro sostuvo que en varias oportunidades fueron hasta su casa pero que sólo recibió promesas. “Acá vinieron desde Salta, nos prometieron al igual que desde Tartagal ayuda, atención médica, pero todavía no pasa nada”.

Ayer finalmente, tras una orden de la jueza de Violencia Familiar y de Género de Tartagal, Elba Susana Menéndez, las autoridades del gobierno salteño trasladaron al chico al Hospital Público Materno Infantil de la capital, donde fue internado para chequear su estado de salud.

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