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20 de abril de 2017

El caso del bebé mutilado en Miramar está a un paso de quedar en la nada

Para la Justicia, el robo de cadáveres sin fines extorsivos sólo puede ser evaluado como una contravención.

Eusebio Condorí Camino y Daysi Fernández ni siquiera se habían enterado de que a la vera de la ruta 11, entre Miramar y Mar del Sud, habían encontrado el cuerpo de un chiquito mutilado, sin órganos ni dientes, ese 21 marzo. Ellos, trabajadores de una quinta de la zona del Boquerón, en Batán, desde hacía 11 días estaban sumidos en el duelo por la muerte de su hijo Matías Valentino de sólo 2 añitos, al que habían buscado por una década y murió ahogado por una "bombucha" mientras jugaba con su hermana de 12 y un primito. Una semana después del hallar de lo que quedaba del cadáver y con el ADN positivo en sus manos, fue la fiscal Ana María Caro la que se presentó en la casa familiar para comunicarles lo sucedido. Desde entonces, dos preguntas atormentan el alma y el corazón de estos padres: "¿Por qué?". "¿Para qué?".

“Recién estábamos cayendo de su muerte y cuando vino la fiscal, no lo podíamos creer: si lo habíamos enterrado. No se puede ni explicar lo que sentimos el día de la exhumación. Estamos muy mal”, dice Eusebio, con una voz pausada y una congoja que lo deja en silencio. Daysi desde las entrañas, sufre: “No se puede tratar así a una criatura, no deben tener hijos y no sé si llamar persona a esa clase de gente, los animales son mejores que ellos”.

 

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