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24 de julio de 2016

En la era del celular, adolescentes y chicos ya casi no usan el teléfono fijo

Lo consideran una tecnología que sólo sirve para hablar, contra los celulares que les ofrecen múltiples formas de comunicación

En la casa de Abril (14) el teléfono fijo es literalmente un objeto de decoración: un aparato pesado de baquelita que habla de otros tiempos como las valijas de cartón que sus padres compraron en una subasta para decorar el living. El último teléfono de línea que tuvo su familia funcionó de hecho hasta el año pasado cuando terminaron por darle de baja porque se había convertido en una carga innecesaria para la economía del hogar: “No lo necesitábamos. Nadie lo usaba porque en casa cada uno tiene su propio celu”, explica Silvia Villalba, la mamá.

Como la gran mayoría de los chicos de su edad, Abril no sólo no acostumbra usar teléfonos fijos sino que tampoco tiene agendados números de línea en su celular, salvo el de sus abuelos. Y es que la gente con la que más le interesa comunicarse, sus amigas y compañeros de la escuela, tampoco usan esa tecnología que a ella le resulta además “poco privada”. “Cuando llamás a un fijo te puede atender cualquiera que pasa por ahí –explica-. Todo el mundo se entera que llamaste: no da”.

Más allá de ese reparo, el uso que Abril hace del teléfono no se parece en nada al que hacía su mamá a su edad. “Ellas ya no se cuelgan horas en una charla entre amigas como hacíamos nosotras –observa Silvia-. No lo necesitan porque con el celular están todo el tiempo conectadas: es como si tuvieron una conversación continua desde que se levantan hasta que se van a dormir; algo imposible de hacer con un teléfono fijo que te obliga a estar en solo lugar”.

Lo que cuenta esta mamá que ronda los cuarenta es algo que se observa en la gran mayoría de los hogares argentinos con chicos y adolescentes. Las nuevas generaciones casi no recurren al uso de la telefonía fija salvo para casos excepcionales o como una “concesión” que hacen para comunicarse con miembros mayores de la familia que no acostumbran atender el celular. Así lo reflejan diversos estudios, según los cuales los móviles ni siquiera entrarían para los chicos en la categoría de lo que sus mayores entienden por “teléfono”.

Y es que para ellos, la principal función de los celulares no es la de “hablar” -algo que de hecho la mayoría hace poco para ahorrar crédito- sino la de “facilitar la comunicación”, un concepto mucho más amplio que abarca desde acceder a la canción que están escuchando sus amigos en ese momento hasta subir una foto en una red social o coordinar los detalles de una salida en el grupo de chat.

LA CONVERSACIÓN CONTINUA

María Julia Ricci, la mamá de Juani (14) cuenta la paradoja en la que siente haber caído tras regalarle a su hijo el primer celular: “se lo compré el año pasado cuando empezó a manejarse solo para que estuviéramos más comunicados y lo que menos hace es hablar conmigo. Está todo el día encorvado mandándose mensajes con los amigos o mirando el Facebook: si hasta me preocupa que lo pise un auto porque no saca los ojos de la pantalla ni cuando anda por la calle”, se queja.

Juani no es por cierto un caso excepcional. Como cualquiera puede observar hoy, la gran mayoría de los adolescentes se pasan el día literalmente colgados de sus celulares. Se los puede ver en el colectivo, donde los chicos no suelen hacer otra cosa que mirar sus pantallas, o incluso en las mesas de las cafeterías, donde todos participan de la charla grupal pero sin dejar de atender lo que ocurre al mismo tiempo en su propio teléfono.

Esta tendencia, que algunos adultos ven como una “adicción” y otros –como Silvia, la mamá de Abril- llaman su “conversación continúa” constituye una de las razones por las cuales la telefonía fija está siendo brutalmente desplazada entre los chicos por el celular. Así lo refleja entre otras investigaciones un reciente trabajo del Centro de Estudios de Opinión Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, según el cual el 54,8% de los adolescentes usa su smartphone entre 2 y 12 horas diarias, y un 11% de ellos lo tienen encendido las 24 horas del día.

Al analizar las actividades que los chicos y adolescentes realizan hoy con sus celulares, el estudio muestra que una de las cosas que menos hacen es hablar. Desde el momento en que los teléfonos móviles son para ellos el canal casi excluyente de acceso a internet, un 67% los usa para estar en Facebook; el 65,8%, para ver videos en Youtube; el 42,33%, para compartir comentarios en Twitter; el 22%, para buscar información para el colegio; el 21,7% para chatear con sus amigos; el 21%, para bajar música; el 18%, para ingresar a otras redes sociales; y el 15% para jugar.

Como señala María José Ravalli, especialista en Comunicación de Unicef, la tecnología celular “atraviesa su existencia, impacta en sus modos de conocer, aprender, expresarse, divertirse y comunicarse. Para los chicos y chicas, los medios digitales son un modo habitual de comunicación y de interacción con el mundo.. Actividades como chatear, jugar en línea, buscar y compartir información y contenidos son acciones cotidianas en sus vidas y, en definitiva, del ejercicio de su ciudadanía digital”.

UNA MARCA DE IDENTIDAD

En Argentina hay más de 13 millones de niños y adolescentes de los cuales, 6 de cada 10 se comunican usando celular y 8 de cada 10 usan internet”, señala un estudio de Unicef, según el cual “el teléfono móvil es el dispositivo más utilizado, frente a la computadora de escritorio y la notebook que los adolescentes usan cada vez menos y para objetivos puntuales como resolver una tarea escolar”. Como observan algunos investigadores, los celulares sintetizan las necesidades adolescentes al combinar navegación, portabilidad y comunicación, algo que ni la más diminuta netbook puede ofrecer.

“Llama la atención la velocidad de ascenso que consiguió el celular en un corto plazo. Las pantallas generaron nuevas formas de sociabilidad juvenil. Y el celular cumple con esas funciones: chatear, mandar mensajes, navegar, escuchar música, ingresar a las redes sociales. Esto lo hace sin diferenciación, porque atraviesa todos los sectores sociales. En cambio la computadora tiene mayor valoración donde hay conectividad”, resalta Roxana Morduchowicz, investigadora y consultora de la Unesco en medios, tecnología, educación y cultura juvenil.

Además de ser la tecnología que “más creció entre los más jóvenes en los últimos años -señala la Morduchowicz-, la del celular es la única que no reconoce diferencias sociales. Cada año más chicos, a una edad más temprana e independientemente de su condición económica, cuentan con un teléfono móvil propio. Por su carácter portátil, el celular es el medio que más acompaña a los chicos durante el día. No sólo va con ellos a todas partes, sino que para muchos, está encendido las 24 horas”.

“En la Argentina, la mitad de los adolescentes no apagan nunca el celular y tres de cada diez sólo lo apaga cuando duerme. Todos los chicos llevan el teléfono móvil a la escuela. Aun cuando los padres compran el celular por razones de seguridad y para que sus hijos puedan llamarlos, el principal uso que hacen los chicos es comunicarse con amigos. La necesidad de estar conectados es una marca de identidad juvenil: les da pertenencia a un grupo y fortalece su vida social, dos dimensiones fundamentales para los adolescentes”, explica.

¿Qué es lo que los adolescentes más valoran del celular? “La primera cualidad que destacan es sentirse seguros –explica Morduchowicz-. Eso se vincula al hecho de que el teléfono móvil les permite, como ningún otro medio, estar permanentemente comunicados, lo que les da seguridad. De hecho,la segunda virtud que destacan del móvil es la posibilidad de sentirse siempre acompañados. Cuando el acceso a Internet a través del celular se extienda (hoy sólo algunos tienen “smartphones”), los chicos podrán reunir en el móvil las tres dimensiones más importantes en sus vidas: contactarse con sus amigos, escuchar música, y navegar en Internet. Y todo eso concentrado en un solo lugar”.

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