15 de abril de 2016

Marianito Mores, grande en la tierra y en los cielos by Manuel Lichtenstein

Naciste Grande con Mayúsculas, y como Grande, hace no más que un soplo, ya andás navegando por los dulces cielos donde te aguardaba tu amada...

Naciste grande y, en el trotar por tu mundo, hiciste más grandes a los grandes y juntos hicieron más grande a nuestro más que amado tango, que se universalizó más aun con tu inspiración a lo Marianito.

Recuerdo que con mis primeros pasos de milonga y tango, escrachando a cuanta mina abrazaba con tus acordes, con tu Cuartito Azul, padre de una música que vaya uno a saber desde cuándo la tenias anidada en tu corazón, con tu Taquito Militar, que dio más veces la vuelta al mundo que la música ronca de la viejas calesitas de barrio, los milongas le sacamos viruta al piso a cuanta milonga salpicada de vida porteña, desde el trocen pasando por los barrios que supieron de tu potencia de músico de alma y raza.

Te vi por vez primera cuando con mis primeros 19 añitos, allá por el año 1943 en el viejo Luna Park, en los inolvidables e imperdibles bailes de carnaval, junto al yoruguamás porteño y argentino que otra cosa, el Pirincho dueño del Halcón Negro, mirándote a los ojos mientras se chamuyaban cual si fueran padre e hijo cruzándose los pensamientos como almas gemelas que el destino cruzó para deleite y suerte de los orres enroscados al tango que como yo, tenemos más que sangre en las venas, la sagrada música que abrazando a una mina, nos floreamos hasta que las velas no ardan.

Hoy Marianito, bien Mores y bien tango, te fuste pero para los que llevamos enancados tantos recuerdos en nuestras alforjas, te fuiste pero no nos dejaste y allí en alturas andarás compadreando con tu amado Nito, con el Pirincho de todos los tiempos, con el Pichuco que nunca se fue, y por encima de todo, de la mano con tu amada Mirna, seguramente fuente brava de tu inspiración, desde que el día que se cruzaron y se anudaron hasta la eternidad de todos los tiempos.

Marianito, no me sale un adiós, más bien me refugio en los acordes de Tanguera, himno de un presente en la tierra, con la ilusión para el día que me toque, me encontraré contigo en tus propios cielos, Amén.

Manuel Lichtenstein

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